viernes, 1 de diciembre de 2017

UN MONSTRUO VIENE A VERTE


"Ahora lo único que tienes que hacer es hablar con el corazón"

Palabras del tejo en Un monstruo viene a verme




Fotograma de "Un monstruo viene a verme"

A Jorge y a Luz

He puesto veinte colchones sobre el guisante que arruina nuestros sueños. Te he construido una carpa del Ikea para que te sintieras como Jonás en la barriga del cetáceo. He atado un fino hilo desde tu mano hasta la mía que atraviesa el abismo de un pasillo a media noche. Te he cantado las canciones de la infancia y te he entregado talismanes protectores. Todo en vano. Tus fantasmas son más fuertes que mis armas. Tus temores arden fieros en el fuego de mis noches.

Pero de ti he aprendido que hay miedos de colores: azules, verdes, lilas... y que los más peligrosos son siempre los de color negro porque se alimentan de lo que somos. También he sabido que los miedos se pueden domar y en esa noble misión radica la auténtica grandeza de nuestro valor. 

Tú ya has hecho prisionero a tu miedo. Es gordo y negro, tan negro que ni siquiera se le ven los dientes cuando sonríe como hacen los malos de tus cómics. Y aunque él aún no lo sabe, ya le tienes la batalla ganada. Esta noche ha llamado a nuestra puerta y, por primera vez, has decidido plantarle cara. Sé que este es el comienzo de una de las batallas más decisivas que habrás de librar en en una vida que, te auguro, larga y llena de victorias. Nunca abandones tu empeño de superarte cada día porque de las derrotas que atesoramos en las primeras batallas se nutren cada una de las victorias del futuro. Hijo mío, sal ahí fuera y lucha porque el mundo en el que vivimos, desde hoy, está en tus manos. 

Y no olvides que el miedo es necesario. Tú me crees valiente porque no me he doblegado ante la muerte ni ante la enfermedad. Me crees valiente porque cruzo los pasillos a tientas cuando están oscuros. Me crees valiente porque mi misión es defenderos de los dragones y los enemigos que os acechan. Pero, a veces, yo también tengo miedo. Me asusta el sonido de las ambulancias que atraviesan nuestra calle. Y el sonido del teléfono a media noche. Me asustan algunas cartas sin remite. Pero el miedo también es necesario. Recuérdalo siempre: necesitamos nuestro miedo para seguir vivos, para saber de dónde venimos, para no cejar en el empeño de ser mejores, para vivir la vida con toda la intensidad con la que se nos ofrezca. 

Te quiero, hijo mío.



8 comentarios:

  1. ¡Que carta tan hermosa Carmen! ¡Esas maravillosas imágenes con que describes lo que soñamos ser/hacer hacia nuestros hijos -colchones, carpa, hilos-! Por supuesto que no son en vano; quizás a veces no son suficiente porque con nuestros hijos aprendemos que hay cosas que nunca podremos hacer por ellos pero… el tiempo también nos enseña que lo que hacemos basta para que sepan lo más importante en nuestro amor por ellos.

    Tu hijo me hace pensar en mi Nuriona; perder al padre siendo apenas un bebé es muy complicado. Saben que algo les falta, pero no pueden entender qué es, porque nunca conocieron lo que han perdido. Los miedos cobran dimensiones que nos cuesta abarcar pero que tu valentía sabe enfrentar. Un abrazo.

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  2. ¡Ay,Oreneta! debo confesarte que tras las metáforas esta vez se esconde la realidad: Jorge me dijo que no podía dormir porque la cama estaba dura y yo le compré otro colchón finito para que su cuerpo descansara; me contó que se tapaba la cabeza porque así se sentía seguro y yo le compré una carpa que adaptaba a su cama cada noche; me dijo que me echaba de menos y yo le até un hilo desde su dedo hasta el mío a través del breve pasillo que nos separa; rendido, me pidió ayuda y encontramos a Luz que vino para hacerle confiar en su valentía.
    Pero yo sé la razón última de sus miedos. Sé que la muerte se esconde detrás de sus fantasmas. Solo ahora puedo vislumbrar el temor a perderme. Como decía Belén ayer: somos afortunados, porque podías haber muerto y, entonces, ¿qué habría sido de nosotros? Siempre preocupada por hacer de Belén una persona resiliente y me olvidé de que Jorge, pese a no tener recuerdos, o quizá precisamente por eso, era más vulnerable. Por eso, he decidido acogerlo en mi cama todo el tiempo que lo necesite. Después de todo lo vivido, lo cierto es que estamos bien y ahora que se cumplen, curiosamente en el mismo mes, diez años de la muerte de P. y cinco de mi cáncer, seguimos peleando.

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    1. Eres una fuente de inspiración para mí. Y me digo: si Carmen, Belén y Jorge pudieron, también podremos Miguel y yo. Duermo con Miguel cada noche desde que nació y me temo que lo haremos por mucho tiempo; de hecho, me da miedo el día que no lo pueda hacer.

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  3. Sueños hechos realidad / realidades dibujadas en metáforas. Me conmueves mucho Carmen; te leo y te veo atando el fino hilo al dedo de tu hijo, ¡que hermosura! Le platicaba a mi Nuriona (que está de visita) y también se emocionó mucho; ella, que a veces se admira y me agradece lo que hice por ella mientras crecía (acaba de cumplir 30), tuvo que reconocer que me la has ganado en creatividad y genialidad. Ella, que también me dijo alguna vez lo que te dijo tu Belén. ¿Sabes que me pasó con mi hijo algo parecido a lo que te sucede con el tuyo? Pienso a veces que las mujeres solemos ser más demandantes que los hombres; ellos, tan callados e introvertidos.
    ¡Diez años y cinco Carmen!, y sigues creciendo y creciéndoles a ellos. Testimonio de lo dura que es la vida a veces y lo fuerte que puedes ser en tu amor por quien se fue y quienes quedan contigo, acogidos bajo tus alas amorosas. Ojalá algún día encontremos el sitio para contarnos con sus mil detalles nuestras tantas historias. Un abrazo, mujer imbatible.

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  4. Me conmueven tus palabras. Nos imagino conversando y contándonos cómo la vida nos ha ido convirtiendo en lo que hoy somos; poniendo en orden los recuerdos; reconociéndonos en las palabras de la otra... Confío en la buena suerte de encontrarnos algún día.

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  5. Yo también querida Carmen; la próxima primavera iré a Europa y espero pasar unos días en tu ciudad con una sobrina que vive ahí. Mientras tanto, va un fuerte abrazo.

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  6. Mi querida Carmen, creo que este ha sido uno de los textos que más me ha conmovido. Has vuelto a abrirme sin contemplaciones. Sin embargo, esta herida que sangra con tus palabras no me duele, no me escuece; "necesitamos nuestro miedo para seguir vivos, para saber de dónde venimos, para no cejar en el empeño de ser mejores, para vivir la vida con toda la intensidad con la que se nos ofrezca". No te imaginas cuánto necesitaba leer esto. Es una carta bellísima para Jorge; espero que la atesore por siempre jamás, como los monstruos que vendrán a visitarlo y él vencerá. Yo también lo voy a hacer, por siempre jamás, como en los cuentos.
    Os deseo lo mejor en el nuevo año.

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  7. Mi querida Almu, llevo meses sin entrar al blog pero, hoy que he vuelto, no puedo evitar darte las gracias por tus palabras. Sé que la maternidad abre en ti simas de ternura completamente nuevas. Te adivino fuerte y poderosa, con el valor que nos infunden a las madres.
    ***
    ¿Sabes qué? J. lleva más de un mes durmiendo sin problemas. Ahora que lo ha conseguido, me confiesa: ¿cómo es posible que alguien, solo con palabras, me haya ayudado a vencer mis miedos? Es su primer encuentro con el poder catártico y liberador de la palabra; no será el último, estoy segura.

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