“Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica (…) Representaba una serpiente boa que se tragaba una fiera. El libro decía: Las serpientes boas tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de la digestión”. El Principito. Antoine de Saint-Exupéry
miércoles, 30 de diciembre de 2015
DIARIO DE KA, 30 de diciembre
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domingo, 27 de diciembre de 2015
DIARIO DE KA, 27 de diciembre de 2015
27 de diciembre de 2015
Se le ha caído uno de sus últimos dientes de leche y su ilusión se mezcla a partes iguales con mi tristeza: es el final de la infancia y no sé si pensar que pasó muy rápida o fue muy lenta. Lo que sí sé es que me gustaría volver hacia atrás y tener la oportunidad de criarlo otra vez intentando preservarlo de tanta tristeza contenida hasta en los barrotes de su cuna.
Se le ha caído uno de sus últimos dientes de leche y su ilusión se mezcla a partes iguales con mi tristeza: es el final de la infancia y no sé si pensar que pasó muy rápida o fue muy lenta. Lo que sí sé es que me gustaría volver hacia atrás y tener la oportunidad de criarlo otra vez intentando preservarlo de tanta tristeza contenida hasta en los barrotes de su cuna.
Esa noche me pidió dormir en mi cama. Nunca lo había hecho hasta este año: yo fui una madre de la generación del "Duérmete niño", quizá por eso envidio tanto a las generaciones del colecho. Cuando estaba a punto de cerrar los ojos, me pidió que le escribiera una carta al Ratoncito Pérez para indicarle que, aunque no estaba en su cama, se le había caído un diente. Escribí aquella carta y le hice un croquis detallado de aquella casa que estábamos a punto de abandonar y en la que quedarían atrapadas para siempre las infancias de mis hijos y los años más terribles de mi vida.
jueves, 17 de diciembre de 2015
NINIS
"En el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba"
Garcilaso de la Vega
Apenas encuentro fuerzas para levantarme. Sus ruidos se fueron acallando tras la bronca de esta mañana. Los oigo pulular, lejos ya de estas paredes. ¡Soy la reina!, les grito en una letanía que se va acallando hasta confundirse con mis gemidos. Soy-la-rei-na... la-rei-na. Pero nadie parece escucharme. Todo vuelve a su aparente calma.
Hay momentos en que no los soporto. Leo libros de autoayuda para aprender a contener mi ira cada vez que los descubro tumbados en sus habitaciones. Mis amigas me recuerdan que es lo normal, que ellos son así. Pero hoy he perdido el control y tras unas cuantas órdenes, que han sido ignoradas, como de costumbre, les he espetado en sus narices que eran unos zánganos, unos malditos zánganos a los que no estaba dispuesta a mantener ni un día más. Me he arrepentido al instante, pero ya estaba dicho. Sus miradas, por toda respuesta, me han traspasado; después, solo un portazo y un lejano rumor. Sé que yo soy la única culpable por llenar esos cerebros de mosquito de tantas ideas de grandeza.
Ahora estoy sola, muy sola. Los sicólogos dicen que esto se pasará, que es solo el síndrome del nido vacío, pero lejos de darme una solución, me han generado un nuevo problema de identidad: siempre estuve convencida de que esto era una colmena y yo, La Reina, La-Rei-na.
un susurro de abejas que sonaba"
Garcilaso de la Vega
Apenas encuentro fuerzas para levantarme. Sus ruidos se fueron acallando tras la bronca de esta mañana. Los oigo pulular, lejos ya de estas paredes. ¡Soy la reina!, les grito en una letanía que se va acallando hasta confundirse con mis gemidos. Soy-la-rei-na... la-rei-na. Pero nadie parece escucharme. Todo vuelve a su aparente calma.
Hay momentos en que no los soporto. Leo libros de autoayuda para aprender a contener mi ira cada vez que los descubro tumbados en sus habitaciones. Mis amigas me recuerdan que es lo normal, que ellos son así. Pero hoy he perdido el control y tras unas cuantas órdenes, que han sido ignoradas, como de costumbre, les he espetado en sus narices que eran unos zánganos, unos malditos zánganos a los que no estaba dispuesta a mantener ni un día más. Me he arrepentido al instante, pero ya estaba dicho. Sus miradas, por toda respuesta, me han traspasado; después, solo un portazo y un lejano rumor. Sé que yo soy la única culpable por llenar esos cerebros de mosquito de tantas ideas de grandeza.
Ahora estoy sola, muy sola. Los sicólogos dicen que esto se pasará, que es solo el síndrome del nido vacío, pero lejos de darme una solución, me han generado un nuevo problema de identidad: siempre estuve convencida de que esto era una colmena y yo, La Reina, La-Rei-na.
martes, 8 de diciembre de 2015
SUPERHÉROES
Lo había elegido a él: al tipo aburrido con gafas y pelo engominado; al tímido de palabra vacilante; al hombre que sabia guardar un secreto. Y lo volvería a elegir, porque los días en los que le asaltaba el miedo paralizante de saberse viva, se agarraba a su capa y dibujaba con sus dedos la S bordada en el traje de superhéroe que escondía detrás de las corbatas. Solo ella sabia que el mundo daba menos miedo las noches que él vigilaba la ciudad.
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