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| Man Ray |
E. Gilbert, Come, reza, ama.
Me imagino la cara de estupefacción de los incrédulos estudiantes de medicina al leer en el plan de estudios el nombre de la nueva asignatura. Menudo despropósito, pensarían los mas sensatos, unir dos términos irreconciliables. Pero es que la realidad de un enfermo de cáncer, que no tiene la mayoría de las veces nada de poético, necesita con más frecuencia de lo deseable trascender su triste anatomía para poder dar sentido a tantos despropósitos.
Ayer sobre las diez, recibí la visita de una inspectora médica. Como todos los miércoles tenía mi clase de pilates a las nueve, pero debía llevar a Jorge al pediatra y casualmente decidí que nos quedaríamos en la cama, él durmiendo y yo leyendo un rato. Cuando salí a abrir la puerta, me miré en el espejo y me di cuenta de mi aspecto deplorable: era evidente que aquella no había sido una de mis mejores noches.
La hice pasar, un poco cohibida ante lo absurdo de la situación: de repente, me vi en medio de mi comedor, en pijama y frente a una auténtica extraña. Por un momento dudé entre invitarla a café o sugerirle cortésmente que abandonara mi casa. Finalmente, solo por educación y sin que mediará ningún café por medio, me senté frente a ella y respondí no sin dificultad a una serie de preguntas rutinarias para ella, incómodas para mí dada la cantidad de emociones que me evocaba cada una de las respuestas.
La hice pasar, un poco cohibida ante lo absurdo de la situación: de repente, me vi en medio de mi comedor, en pijama y frente a una auténtica extraña. Por un momento dudé entre invitarla a café o sugerirle cortésmente que abandonara mi casa. Finalmente, solo por educación y sin que mediará ningún café por medio, me senté frente a ella y respondí no sin dificultad a una serie de preguntas rutinarias para ella, incómodas para mí dada la cantidad de emociones que me evocaba cada una de las respuestas.
Es difícil resumir todo un año de tratamiento. Sobre todo cuando te ves forzada a relatarlo frente a una desconocida que ni te mira a la cara, preocupada únicamente por completar su ficha. Con poca convicción ya, con cierta desgana, con bastante abatimiento, le conté el periplo de mis últimos meses. Transitamos por lugares comunes que sólo me provocaron irritación y tristeza: el tiempo que todo lo cura,la fuerza de los niños para sobrevivir a la adversidad, la importancia de una buena terapia... Me tomé la molestia de asentir a cada una de las frases que, seguro, formaban parte del protocolo de actuación en los casos de mujeres viudas con dos hijos y cáncer de mama.
Me habría gustado decirle tantas cosas. No sé si habría entendido la diferencia que existe entre sanar y curar. Quizá podría haberle leído un párrafo de la doctora Christiane Northrup: "La curación, que es lo que se les pide a los médicos, suele consistir en un tratamiento externo, que emplea medicamentos o una intervención quirúrgica para eliminar los síntomas (...) La sanación ahonda más que la curación y siempre debe provenir de dentro. La sanación soluciona aspectos con frecuencia ocultos de la vida de una persona en cuanto se relacionan con su enfermedad"
Quizá las palabras de Germaine Greer podrían haber sido lo suficientemente convincentes como para justificar estos cuatro meses más que con tanto esfuerzo he conseguido arañarle a la vida:
"He visto a mujeres sanas y me estoy convirtiendo en una. Estoy comenzando a saber cómo es estar bien. Nada es más emocionante que saber que nuestro cuerpo y nuestros sentimientos son un camino despejado y abierto hacia nuestro destino"
Me habría gustado decirle tantas cosas. No sé si habría entendido la diferencia que existe entre sanar y curar. Quizá podría haberle leído un párrafo de la doctora Christiane Northrup: "La curación, que es lo que se les pide a los médicos, suele consistir en un tratamiento externo, que emplea medicamentos o una intervención quirúrgica para eliminar los síntomas (...) La sanación ahonda más que la curación y siempre debe provenir de dentro. La sanación soluciona aspectos con frecuencia ocultos de la vida de una persona en cuanto se relacionan con su enfermedad"
Quizá las palabras de Germaine Greer podrían haber sido lo suficientemente convincentes como para justificar estos cuatro meses más que con tanto esfuerzo he conseguido arañarle a la vida:
"He visto a mujeres sanas y me estoy convirtiendo en una. Estoy comenzando a saber cómo es estar bien. Nada es más emocionante que saber que nuestro cuerpo y nuestros sentimientos son un camino despejado y abierto hacia nuestro destino"






