“Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica (…) Representaba una serpiente boa que se tragaba una fiera. El libro decía: Las serpientes boas tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de la digestión”.
El Principito. Antoine de Saint-Exupéry
"Yo sé que existo porque tú me imaginas. Soy alto porque tú me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre —oscuro, torpe, malo— el que la habita..." Ángel González, "Muerte en el olvido"
Cultura inquieta
El brillo de cada mirada que me redime de ser yo misma y me devuelve la mejor de mis imágenes, con cuánta frecuencia se ha visto empañado a lo largo de este año por las esquirlas del pasado y por las fieras dentelladas de la realidad. Pero los días, como un milagro cotidiano, se han ido sucediendo, con sus silencios y sus treguas, con sus declaraciones tácitas, con sus pactos para la supervivencia hasta esta noche en la que vuestra presencia cómplice proyecta, infinita, la grandeza de mis sombras.
"Sois la única certeza con la que fingir que el mundo está bien hecho"
Francisco Onieva
A mis hermanos
Cultura inquieta
Conservo intacta la fe de la infancia. El mapa secreto del tesoro escondido. La pieza del puzle que nunca encontramos. Las tardes de viernes de horizontes eternos. El colorín colorado de todos los cuentos. Los secretos contados a la luz de las velas. El escondite seguro de todos los miedos. Las mañanas de invierno con uniforme de cuadros. Las madrugadas de insomnio del día de Reyes. Y los trozos de sueños que nos dieron las alas.
Desear es vibrar con una música evanescente, alzar el rostro al milagro certero, atravesar los recuerdos con alfiler de entomólogo, preservar la inocencia de oscuros presagios. Desear es morder bocanadas de aire tras la gélida apnea de una abulia infinita.
los adverbios que se habían vuelto innecesarios para el amor que de tan sencillo se nos regalaba a diario como dádiva generosa de algún dios advenedizo Se llevó los nombres los verbos cada sílaba con la que habíamos aprendido a renombrar las despedidas los abrazos el pan de cada día el silencio de los muertos Enmudecidos en nuestra carne calibrando el peso inerte del silencio confesándole a las piedras que lo justo no siempre es lo mejor que no basta permanecer ser fantasma entre los vivos mitad sin sombra de un corazón partido.
"Son mis chicos, pensó, de ellos es el mundo, la sangre, los océanos, la luna, las arterias de todas las playas, los barcos, los árboles secretos, las discotecas, las camas y las flores del mal"
Manuel Vilas
Robert Doisneaau
Catorce años y todo un pasado del que huir. Diecisiete y dos intentos de suicidio. Trece y una orfandad de madre en la mirada. Cuarenta y tres y toda la fragilidad del presente anegada en mi cuaderno de notas, con sus números solitarios al borde del naufragio, envenenados de palabras y de versos con los que protegerlos de las garras que la vida clava sin piedad.
Interrogo tus fotos buscando respuestas a mis días a tu tiempo
detenido en tu mirada en tu pelo en tus manos que no cumplirán con la dulce costumbre de envejecer Serás para siempre eterno en mi memoria como lo son los sueños de la infancia los amores adolescentes y los muertos prematuros que desafían imponentes al tiempo en las fotografías.
"En las luchas y estratagemas que Ulises ha de llevar a cabo para salir sin percance de cada una sus aventuras, se echa de ver que el miedo que tiene Ulises es un miedo a la muerte; es, simplemente, el miedo a perder la vida (...) Pero el terror que sobrecoge a Ulises cuando llega a Ítaca es superior y más humano. Es el pánico al fracaso, a perder aquello que ya se tiene, y que el hombre no puede dejar de perder sin perder su condición humana. Lo que de verdad teme Ulises es perder su hogar y seguir errando sin rumbo. Tiene miedo a comenzar una nueva Odisea sin Ítaca, a convertirse en una sombra errante. Tiene miedo, en fin, a perder lo que hasta entonces había dotado de sentido su odisea. Si Ulises no se encuentra con su origen, tampoco podrá encontrar su meta, y su viaje no tendrá fin. Y su vida, al mismo tiempo, habrá carecido de sentido"
Aún queda un año para que me den el alta y pase a formar parte oficialmente de ese porcentaje que en las estadísticas ocupan las supervivientes de cáncer de mama. Durante esos primeros cinco años es donde se produce el mayor número de recidivas; quizá sea esta la razón de que se establezca el quinto como límite. Estoy, pues, al final del camino.
Si tuviera que hacer balance de este tiempo, ahora que se acerca nochevieja y muchos caemos en la terrible tentación de los balances, tendría que decir que los peores son el primer y el último año. Ese primer año en que escuchas por primera vez tu diagnóstico y le haces frente a una serie de tratamientos tan invasivos que casi llegas a pensar que no sobrevivirás a ellos. Ese es un año de pérdidas, profundas pérdidas que quedan tatuadas para siempre en tu historia vital. Afortunadamente, ya sabemos mucho de esta etapa porque cada vez hay más mujeres valientes que dan testimonio de esta titánica lucha.
A partir de ese primer año todo se convierte en un camino de ascenso: recuperas poco a poco tu imagen y borras los últimos rastros de la enfermedad. El cáncer pasa a convertirse en un tema de conversación ocasional, casi anecdótico, del que hablas con aparente distancia. Valoras más la vida y aspectos de ella que antes te resultaban anodinos se convierten en esenciales y vuelves a ser feliz; o, al menos, eso dices.
Aunque, quizá algo de mentira hay en esta imagen que proyectas. Quizá dé vergüenza confesar que ahora que se ha acabado la batalla, te sientes perdida entre los vivos, sin saber muy bien contra qué enemigo luchar, qué empresa abordar que dote de sentido a este tiempo que es casi como la prórroga de un partido que crees estar desaprovechando. Después de todo, pasaste por la experiencia del cáncer sin realizar el viaje de tu vida; sin ponerte en paz con ciertas deudas del pasado; sin volverte a casar o tener otro hijo; sin ni siquiera escribir un libro. Después de todo, el héroe se vuelve anónimo y regresa a la vida cotidiana. Ulises vuelve a Ítaca disfrazado de mendigo y solo su perro fiel lo reconoce. Quizá yo, como Ulises, sienta el miedo ante la última y definitiva aventura: encontrar mi origen y la meta que dé sentido y fin a este viaje.
"No resulta fácil dejar libre a un poema, soltarle la cadena: puede morder a veces"
Blanca Sarasua
ro_rub
He creado un monstruo con versos usurpados y jirones de palabras de falsos oropeles que nos prometían el aliento divino de la inmortalidad Hoy temo que otros vengan a reclamar lo que les pertenece te arranquen las vestiduras te sajen la carne y te arrebaten las entrañas hasta dejarte desnudo despojado de todo lo sublime que alienta en el hombre reducido al solo instinto animal que nos anima Acaso no me reconozcas y descubras la impostura del que finge ser un dios para su creación y me niegues y maldigas el nombre que te convocó para sufrir el escarnio de los triunfadores de las dulces palabras y los amores cumplidos ¿Dónde te esconderé para que no te encuentren? ¿A dónde huiré que no lleve conmigo la mortal picadura de tu aguijón?
"¿Cuál es el instante exacto en que un recuerdo muere para siempre? Lorenzo Oliván
ro_rub
Seco, yermo como el corazón de la alondra que erró su vuelo al filo de la madrugada Invasivo, letal como el secreto a voces sin labios que lo reclamen Inerme, desahuciado como el enfermo que ensaya la palabra exacta de despedida Seco yermo invasivo letal inerme desahuciado recuerdo
Pero llegaste tú como afloran los pecios al mar reflejado en el iris de mis ojos como una explicación nunca pedida e hiciste de mí un náufrago arrepentido que rompe las enseñas de su piel y de su patria por vagar junto a tu cuerpo de anémonas y madreselvas Muerta en vida pasto de las caracolas carnal juguete de los océanos ofrenda nimia para tus labios sordos al presagio huero de mi abandono a la sola quietud del agua y al rudo canto de las cigüeñas Y sin embargo una sola palabra tuya habría bastado para salvarme
"No hay pájaro que no vuele resignado a la tierra aunque en el cielo la desprecie" Alberto Conejero, Si descubres un incendio
Cultura inquieta
Leo fallos de concursos literarios
como el que lee esquelas
o resultados ganadores
en los periódicos
Con la secreta esperanza
de que mi suerte
yerre y salga
mi caballo triunfador
con el secreto alivio
de no reconocerme
en las necrológicas
literarias Reincido en la bajeza de buscar quien me refrende más allá del ceniciento acuse de recibo y de la aséptica cajita con cenizas que algunos organizadores tienen a bien entregar tras la purificadora destrucción de los finados.
la eternidad forzosa para los huérfanos de sus entrañas
Estrenarás los celos de las familias que pasean ingenuas frente a escaparates que anuncian vuelos a paraísos para ti vedados Estrenarás el cansancio de cada hueso de cada víscera que se rebelan contra esta suerte de seguir obrando la vida nueva cada mañana Estrenarás, al fin, la dignidad del que aprende a pisar el dolor sobre el que fundar la nueva tierra que, imponente y firme te pertenece como promesa cumplida de lealtad.
"Pido al dolor que no se rinda al tiempo, que se incruste como una larva eterna en mi costado para que de su mano, cada día con tus ojos intactos, resucites con tu luz y tu pena, resucites dentro de mí. Para que no te mueras doblemente pido al dolor que sea mi alimento, el aire de mi llama, la lumbre donde vengas a diario a consolarte de los fríos paisajes de la muerte"
Piedad Bonet, XIX Premio Internacional de Poesía Generación del 27.
Y tú de quien eres ? Y yo ya, no sé ni de quien soy"
No me pises que llevo chanclas.
Vivimos tiempos extraños, si cabe, mucho más en el ámbito de la educación, que es el que a mí me toca más de cerca. La última reforma educativa, la tan denostada LOMCE, una más de las muchas que ya soportamos en las últimas décadas, deja al profesorado maltrecho ante la avalancha de programaciones e informes que se nos exigen, además de los inoperantes sistemas de evaluación que, en asignaturas como Lengua, supondrían evaluar tantos estándares que apenas podríamos dedicarnos a otros menesteres. A esta situación, de la que nos venimos quejando ya desde que esta ley se implantó, aprisa y sin el respaldo de la comunidad educativa, se une este curso la extraña situación en la que quedan los alumnos repetidores de 2º de bachillerato.
Mis alumnos de 2º que están repitiendo pertenecen a un plan ya extinto: el plan LOE pero, hasta ahora, han asistido a mi clase de Lengua, organizada según el modelo LOMCE. En principio, podría quedar todo reducido a una cuestión de siglas pero, me temo, el embrollo va mucho más allá. La consejería les ofrece a estos alumnos la posibilidad de ser evaluados según un modelo u otro. Si se acogen al modelo LOMCE, tendrán que estudiar un programa que, en muchos aspectos, difiere del anterior y tendrán que examinarse de la reválida. Si se acogen al modelo LOE, podrán optar a un examen en junio acorde con el programa que ellos cursaron. Excepcionalmente, el departamento les ofrece la posibilidad de parcelar la materia en dos o tres pruebas, con el consiguiente compromiso de asistir a mi clase. Pero, al mismo tiempo, los profesores que este año impartimos 2º de bachillerato podríamos negarnos a acoger a estos alumnos en nuestra aula ya que, en principio, no serían nuestros -la tentación es grande, créanme, cuando tenemos cuarenta alumnos en el aula-. A esto, hay que añadir que la consejería premia a estos alumnos repetidores eximiéndoles de la obligación de hacer la PAU, que era la prueba utilizada por las universidades para delimitar las notas de corte. Tampoco tendrán que hacer, por supuesto, la reválida. Accederán a la universidad con la media del expediente mondo y lirondo.
¿Buena o mala suerte? se preguntarán ustedes. Yo aún no lo sé. Pero lo que sí preveo es el irreversible daño que esta situación provocará en el alumnado y en el profesorado, aunados por una vez en el mismo bando: el de los damnificados. ¿Cuántas horas en la consulta del siquiatra nos llevará a unos y a otros responder a esa pregunta tan crucial que ya desde los "No me pises que llevo chanclas" nos venimos planteando: ¿y tú de quién eres? Ellos aún no lo saben y lo peor es que yo, tampoco. Mis cuarenta alumnos, número ya de por sí inabarcable, aún se desvanecen mucho más en la grisura del anonimato al andar muchos de ellos en esa tierra de nadie, a mitad de camino entre la LOE Y la LOMCE. ¿Y tú de quién eres? me sigo preguntando cada día cuando entro en el aula, cargada, pese a todo, de una confianza absoluta en ellos que, a pesar de las reformas y los reformadores, son nuestro futuro.
Patrocinada por las repúblicas independientes de Ikea"
Ángel Manuel Gómez Espada
Cultura inquieta
Paseo por Ikea y compruebo, con cierta extrañeza, que ya es hora de ir pensando en los adornos navideños y las vajillas de nochebuena. Intentó tranquilizarme contando las semanas que aún me quedan para poder darle unos cuantos mordiscos a la literatura del siglo XX, que tan preocupada me tiene. Me pierdo entre mesitas que incorporan la lamparita de lectura y sillones que se convierten en insospechadas camas de invitados. A ratos, me vienen a la memoria los últimos libros de poetas jóvenes que, a este paso, no me quedará más remedio que dejar reducidos a su esqueleto si quiero abarcar todo el siglo XX como pretenden los ambiciosos decretos. Casi sin darme cuenta, echo a la cesta una lámpara por dos euros que aún no sé dónde colocaré, aunque, por el precio que tiene, bien amortizaré el dinero gastado; quizá me canse mucho antes de que se rompa, me digo a mí misma.
Mi casa, que recientemente he amueblado, tiene el sello Ikea, quizá porque ya sé mucho de lo provisorio de la vida. He vuelto porque necesito una mesa auxiliar donde ir colocando los libros que llevo en danza para no dejarlos apilados por cualquier sitio. Al fin me decido por una mesa de veinte euros que será perfecta para mis jóvenes poetas: práctica, multiusos -con una bandeja extraible-, minimalista y ligera -apenas una liviana estructura para sostenerla- y, sobre todo, barata -por si me harto de ella-. Así como los muebles, a su imagen, el amor: practico, multiusos, ligero y, sobre todo, barato, por el que no haya que pagar un alto precio. Los muebles de nuestros abuelos, en cambio, de maderas nobles, sobrios, pesados, inmunes al paso del tiempo, con voluntad de permanencia. Uno compraba la cama en la que, con seguridad, acabaría muriendo; compartía la cama con quien, con seguridad, acabaría muriendo. Ahora compramos camas fáciles de transportar en la siguiente mudanza. Todo es tan provisorio que ni siquiera tenemos una mesilla de noche sobre la que depositar el vaso de agua que nunca había que beber porque era para saciar la sed de los muertos, según contaba mi abuela. Todo así, tan provisorio que, a veces, da tanto miedo...
"¿La mujer que acaricio ahora
es la misma que llorará mi enfermedad? (...)
La vida nos invita a seguir buscando,
a empujar los límites, a desear la rosa
aunque después nos diga que sólo hay cipreses,
ramas secas listas para la llama (...)
Hasta las rosas de piedra han de marchitarse"
Juan de Dios García
*Poemas tomados de la antología Desde el mar a la estepa. Albacete: Chamán Ediciones, 2016
Es bueno dejarse interpelar por los libros. Por eso acostumbro a ir a la biblioteca y pasear entre los expositores de las flamantes novedades. Los abro, los toco, los dejo, hasta que alguno me seduce y lo elijo. Sé que es el único espacio en el que puedo elegir sin temor a equivocarme. A este lo escogí entre varias decenas no sé muy bien por qué: ¿la palabra enfermedad y muerte leídas al azar? No lo sé. Pero acabo el día y con él la lectura de La mujer de pie de Chantal Maillard. Casualidad o no, este libro me ha acompañado a lo largo de la semana y en algunas de sus palabras he encontrado un infinito consuelo. Doy gracias por ello y comparto con los que también pensáis como yo esta noche en las pérdidas, algunos fragmentos.
"Dedicar un día a los que han muerto forma parte de los rituales para la supervivencia. Recordar al difunto un día al año o un momento cada día evita que su recuerdo invada el resto del tiempo y nos libra de tener que seguir viviendo minuto a minuto su ausencia"
"Morir ocurre una sola vez, en un solo acto (...) Morir es el no-acto que ocurre en el último instante, un gesto que no habrá de repetirse y que no podrá, por tanto, de ninguna manera, aprenderse. No habrá repetición, ningún ensayo, aquel será el único instante que tengamos para ello. Su carácter responderá a la sonoridad de los gestos que hayamos realizado en vida. Se muere como se ha vivido, de esa manera. El acto del morir responde, como un eco, a los actos en vida" "Roto y vuelto a pegar, mi azucarero es perfecto mientras pueda contener el azúcar. Pero, además, es perfecto porque es único. Y no porque me pertenezca como la rosa del principito de Saint-Exupery, sino porque ningún azucarero puede haber en el mundo con esas mismas cicatrices. Este ha sufrido un deterioro que lo hace ser especial. Así de especial también es el cuerpo que ha sufrido una amputación. Vuelto a coser, mutilado, se torna peculiar. Perfección del estar-siendo de las cosas. Quien es capaz de percibirla moldea su espíritu de acuerdo a la condición cambiante de las cosas"
Mañana rezaré por los que ya no estáis pero persistís en mi memoria; rezaré por ti. Pondré un cubierto más en la mesa y esperaré como si hubieras llamado: "llego tarde, empezad sin mi". Empezamos sin ti, como si en cualquier momento pudieras regresar. Mientras, la vida nos fue pasando. Nueve largos años. He pagado en cada uno de ellos el precio del superviviente: seguir adelante, sin volver la vista atrás, con la vana esperanza tal vez, de que no acabes convertido como la mujer de Lot en una estatua de sal; con el temido deseo de que, algún día, al volver el rostro, pueda al fin reconocerte.
Mañana rezaré por todo lo que ya no está en mí pero persiste en mi memoria; rezaré por lo que he perdido en estos años. Pensaré en mi pelo, mi pecho, mis uñas y mi piel. Pensaré en mis costuras, las de fuera que se ven, y las otras, las de dentro, las que más duelen. Volveré a reconciliarme una vez más conmigo, a aceptar la extraña belleza de mi vida: rota, hecha añicos y recompuesta una y otra vez. Mañana volveré a enterrar junto a tu tumba todo lo que ha muerto en mí a lo largo de estos años. Porque solo aquello que abandonamos definitivamente nos permite seguir aferrados al hermoso milagro de la vida.
"Una noche cualquiera, allá en los cielos, tu vida reventó como una nova. Te llevaste a los astros tu secreto. Tal vez en un tiempo futuro nos ilumine tu luz y entendamos al fin, cómo vive una estrella en el oscuro reino de la noche"
"Se me hace difícil pensar que puedas desparecer. No quiero que te vayas, no del todo. Pero lo cierto es que estás en-mi-desapareciendo y eso es lo que duele, este ser de ausencia, este ausentarte o, tal vez, la idea de la ausencia que acompaña tu imagen"
Desde que llegó, su figura se recorta sobre el resto como una foto en blanco y negro en la que el fondo se hubiera desdibujado. El aula está llena, pero sin apenas darme cuenta sé que mis malabarismos diarios van dirigidos solo a ella. Al comienzo o al final de las clases, lanzó mis dardos envenenados por ver un brillo en su mirada, un gesto cómplice, alguna señal que me indique que voy por buen camino. Aún no he acertado. Hoy, después de leer el poema de Antonio Machado que empieza con ese magistral:
Sabe esperar aguarda que la marea fluya
así en la costa un barco sin que al partir te inquiete
les he contado que yo tenía su misma edad cuando lo escuche por primera vez. Mi profesora de literatura, tras leerlo, nos dijo que seguramente tardaríamos mucho en comprenderlo. Aquello me molestó, les he confesado, porque yo sí entendí lo de "sabe esperar" y de hecho, aquellos versos me han acompañado desde entonces. Pero también es verdad que tardé en aprender qué significaba aquello de "el arte es largo". Un buen pretexto, en definitiva, para hablarles de literatura, de poesía, de creación: a mí el el arte me ha salvado de casi todo -les confesaba.
He errado el tiro y no he alcanzado el objetivo que perseguía pero otra alumna se ha acercado para decirme si por favor estaría dispuesta a leer algunos textos suyos. ¡Tocada! Tus comentarios, cuando cuarenta y tres alumnos escuchan con aparente indiferencia tus palabras, no sabes nunca qué repercusión tendrán, imprevisible como las ondas provocadas por una insignificante piedra lanzada a un estanque en plena agitación.
Este auditorio nuevo me pone en tensión, me motiva, tira de mi disponibilidad y de mi capacidad de trabajo. Son interlocutores con los que es posible situarse a otro nivel: entienden la ironía, agradecen la poesía, te preguntan en las guardias de patio qué libro estás leyendo... Pero también sus problemas se asemejan a los de los adultos, a veces, incluso, los sobrepasan, son de una crudeza desgarradora. Y tú, ahí, en medio de ellos cual caballero andante armado con tus pobres palabras, intentando convencerlos de que "la literatura puede salvarlos de casi todo".