8 de enero de 2016
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| Fernando Vicente |
Ya hemos empezado a colocar libros. Junto a los libros van apareciendo entre las cajas algunos recuerdos que se escaparon del expurgo: la foto de su abuelo muerto, la de su padre... Enseguida ha empezado el baile y yo, tan inconsciente como siempre, he entrado en su juego: que si la habitación no era como la había imaginado, que si el colchón estaba duro, que si echaba de menos su antigua casa... que si le dolía -me estaba diciendo a gritos- abandonar los últimos recuerdos de su padre. Quizás en mi afán por no volver la vista atrás, en mi obsesión por poner orden sobre las cosas, haya pasado por alto el desorden interior de mi pequeña adolescente. Pero esta es la única forma que conozco de volver a empezar. Quizás algún día lo entienda, quizás algún día perdone en mí esta aparente indolencia que me permite sobrevivir una y otra vez, una y otra vez.

