“Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica (…) Representaba una serpiente boa que se tragaba una fiera. El libro decía: Las serpientes boas tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de la digestión”.
El Principito. Antoine de Saint-Exupéry
"¿Cuál es el instante exacto en que un recuerdo muere para siempre? Lorenzo Oliván
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Seco, yermo como el corazón de la alondra que erró su vuelo al filo de la madrugada Invasivo, letal como el secreto a voces sin labios que lo reclamen Inerme, desahuciado como el enfermo que ensaya la palabra exacta de despedida Seco yermo invasivo letal inerme desahuciado recuerdo
Pero llegaste tú como afloran los pecios al mar reflejado en el iris de mis ojos como una explicación nunca pedida e hiciste de mí un náufrago arrepentido que rompe las enseñas de su piel y de su patria por vagar junto a tu cuerpo de anémonas y madreselvas Muerta en vida pasto de las caracolas carnal juguete de los océanos ofrenda nimia para tus labios sordos al presagio huero de mi abandono a la sola quietud del agua y al rudo canto de las cigüeñas Y sin embargo una sola palabra tuya habría bastado para salvarme
"No hay pájaro que no vuele resignado a la tierra aunque en el cielo la desprecie" Alberto Conejero, Si descubres un incendio
Cultura inquieta
Leo fallos de concursos literarios
como el que lee esquelas
o resultados ganadores
en los periódicos
Con la secreta esperanza
de que mi suerte
yerre y salga
mi caballo triunfador
con el secreto alivio
de no reconocerme
en las necrológicas
literarias Reincido en la bajeza de buscar quien me refrende más allá del ceniciento acuse de recibo y de la aséptica cajita con cenizas que algunos organizadores tienen a bien entregar tras la purificadora destrucción de los finados.
la eternidad forzosa para los huérfanos de sus entrañas
Estrenarás los celos de las familias que pasean ingenuas frente a escaparates que anuncian vuelos a paraísos para ti vedados Estrenarás el cansancio de cada hueso de cada víscera que se rebelan contra esta suerte de seguir obrando la vida nueva cada mañana Estrenarás, al fin, la dignidad del que aprende a pisar el dolor sobre el que fundar la nueva tierra que, imponente y firme te pertenece como promesa cumplida de lealtad.
"Pido al dolor que no se rinda al tiempo, que se incruste como una larva eterna en mi costado para que de su mano, cada día con tus ojos intactos, resucites con tu luz y tu pena, resucites dentro de mí. Para que no te mueras doblemente pido al dolor que sea mi alimento, el aire de mi llama, la lumbre donde vengas a diario a consolarte de los fríos paisajes de la muerte"
Piedad Bonet, XIX Premio Internacional de Poesía Generación del 27.
Y tú de quien eres ? Y yo ya, no sé ni de quien soy"
No me pises que llevo chanclas.
Vivimos tiempos extraños, si cabe, mucho más en el ámbito de la educación, que es el que a mí me toca más de cerca. La última reforma educativa, la tan denostada LOMCE, una más de las muchas que ya soportamos en las últimas décadas, deja al profesorado maltrecho ante la avalancha de programaciones e informes que se nos exigen, además de los inoperantes sistemas de evaluación que, en asignaturas como Lengua, supondrían evaluar tantos estándares que apenas podríamos dedicarnos a otros menesteres. A esta situación, de la que nos venimos quejando ya desde que esta ley se implantó, aprisa y sin el respaldo de la comunidad educativa, se une este curso la extraña situación en la que quedan los alumnos repetidores de 2º de bachillerato.
Mis alumnos de 2º que están repitiendo pertenecen a un plan ya extinto: el plan LOE pero, hasta ahora, han asistido a mi clase de Lengua, organizada según el modelo LOMCE. En principio, podría quedar todo reducido a una cuestión de siglas pero, me temo, el embrollo va mucho más allá. La consejería les ofrece a estos alumnos la posibilidad de ser evaluados según un modelo u otro. Si se acogen al modelo LOMCE, tendrán que estudiar un programa que, en muchos aspectos, difiere del anterior y tendrán que examinarse de la reválida. Si se acogen al modelo LOE, podrán optar a un examen en junio acorde con el programa que ellos cursaron. Excepcionalmente, el departamento les ofrece la posibilidad de parcelar la materia en dos o tres pruebas, con el consiguiente compromiso de asistir a mi clase. Pero, al mismo tiempo, los profesores que este año impartimos 2º de bachillerato podríamos negarnos a acoger a estos alumnos en nuestra aula ya que, en principio, no serían nuestros -la tentación es grande, créanme, cuando tenemos cuarenta alumnos en el aula-. A esto, hay que añadir que la consejería premia a estos alumnos repetidores eximiéndoles de la obligación de hacer la PAU, que era la prueba utilizada por las universidades para delimitar las notas de corte. Tampoco tendrán que hacer, por supuesto, la reválida. Accederán a la universidad con la media del expediente mondo y lirondo.
¿Buena o mala suerte? se preguntarán ustedes. Yo aún no lo sé. Pero lo que sí preveo es el irreversible daño que esta situación provocará en el alumnado y en el profesorado, aunados por una vez en el mismo bando: el de los damnificados. ¿Cuántas horas en la consulta del siquiatra nos llevará a unos y a otros responder a esa pregunta tan crucial que ya desde los "No me pises que llevo chanclas" nos venimos planteando: ¿y tú de quién eres? Ellos aún no lo saben y lo peor es que yo, tampoco. Mis cuarenta alumnos, número ya de por sí inabarcable, aún se desvanecen mucho más en la grisura del anonimato al andar muchos de ellos en esa tierra de nadie, a mitad de camino entre la LOE Y la LOMCE. ¿Y tú de quién eres? me sigo preguntando cada día cuando entro en el aula, cargada, pese a todo, de una confianza absoluta en ellos que, a pesar de las reformas y los reformadores, son nuestro futuro.
Patrocinada por las repúblicas independientes de Ikea"
Ángel Manuel Gómez Espada
Cultura inquieta
Paseo por Ikea y compruebo, con cierta extrañeza, que ya es hora de ir pensando en los adornos navideños y las vajillas de nochebuena. Intentó tranquilizarme contando las semanas que aún me quedan para poder darle unos cuantos mordiscos a la literatura del siglo XX, que tan preocupada me tiene. Me pierdo entre mesitas que incorporan la lamparita de lectura y sillones que se convierten en insospechadas camas de invitados. A ratos, me vienen a la memoria los últimos libros de poetas jóvenes que, a este paso, no me quedará más remedio que dejar reducidos a su esqueleto si quiero abarcar todo el siglo XX como pretenden los ambiciosos decretos. Casi sin darme cuenta, echo a la cesta una lámpara por dos euros que aún no sé dónde colocaré, aunque, por el precio que tiene, bien amortizaré el dinero gastado; quizá me canse mucho antes de que se rompa, me digo a mí misma.
Mi casa, que recientemente he amueblado, tiene el sello Ikea, quizá porque ya sé mucho de lo provisorio de la vida. He vuelto porque necesito una mesa auxiliar donde ir colocando los libros que llevo en danza para no dejarlos apilados por cualquier sitio. Al fin me decido por una mesa de veinte euros que será perfecta para mis jóvenes poetas: práctica, multiusos -con una bandeja extraible-, minimalista y ligera -apenas una liviana estructura para sostenerla- y, sobre todo, barata -por si me harto de ella-. Así como los muebles, a su imagen, el amor: practico, multiusos, ligero y, sobre todo, barato, por el que no haya que pagar un alto precio. Los muebles de nuestros abuelos, en cambio, de maderas nobles, sobrios, pesados, inmunes al paso del tiempo, con voluntad de permanencia. Uno compraba la cama en la que, con seguridad, acabaría muriendo; compartía la cama con quien, con seguridad, acabaría muriendo. Ahora compramos camas fáciles de transportar en la siguiente mudanza. Todo es tan provisorio que ni siquiera tenemos una mesilla de noche sobre la que depositar el vaso de agua que nunca había que beber porque era para saciar la sed de los muertos, según contaba mi abuela. Todo así, tan provisorio que, a veces, da tanto miedo...
"¿La mujer que acaricio ahora
es la misma que llorará mi enfermedad? (...)
La vida nos invita a seguir buscando,
a empujar los límites, a desear la rosa
aunque después nos diga que sólo hay cipreses,
ramas secas listas para la llama (...)
Hasta las rosas de piedra han de marchitarse"
Juan de Dios García
*Poemas tomados de la antología Desde el mar a la estepa. Albacete: Chamán Ediciones, 2016