"Ahora lo único que tienes que hacer es hablar con el corazón"
Palabras del tejo en Un monstruo viene a verme
He puesto veinte colchones sobre el guisante que arruina nuestros sueños. Te he construido una carpa del Ikea para que te sintieras como Jonás en la barriga del cetáceo. He atado un fino hilo desde tu mano hasta la mía que atraviesa el abismo de un pasillo a media noche. Te he cantado las canciones de la infancia y te he entregado talismanes protectores. Todo en vano. Tus fantasmas son más fuertes que mis armas. Tus temores arden fieros en el fuego de mis noches.
Pero de ti he aprendido que hay miedos de colores: azules, verdes, lilas... y que los más peligrosos son siempre los de color negro porque se alimentan de lo que somos. También he sabido que los miedos se pueden domar y en esa noble misión radica la auténtica grandeza de nuestro valor.
Tú ya has hecho prisionero a tu miedo. Es gordo y negro, tan negro que ni siquiera se le ven los dientes cuando sonríe como hacen los malos de tus cómics. Y aunque él aún no lo sabe, ya le tienes la batalla ganada. Esta noche ha llamado a nuestra puerta y, por primera vez, has decidido plantarle cara. Sé que este es el comienzo de una de las batallas más decisivas que habrás de librar en en una vida que, te auguro, larga y llena de victorias. Nunca abandones tu empeño de superarte cada día porque de las derrotas que atesoramos en las primeras batallas se nutren cada una de las victorias del futuro. Hijo mío, sal ahí fuera y lucha porque el mundo en el que vivimos, desde hoy, está en tus manos.
Y no olvides que el miedo es necesario. Tú me crees valiente porque no me he doblegado ante la muerte ni ante la enfermedad. Me crees valiente porque cruzo los pasillos a tientas cuando están oscuros. Me crees valiente porque mi misión es defenderos de los dragones y los enemigos que os acechan. Pero, a veces, yo también tengo miedo. Me asusta el sonido de las ambulancias que atraviesan nuestra calle. Y el sonido del teléfono a media noche. Me asustan algunas cartas sin remite. Pero el miedo también es necesario. Recuérdalo siempre: necesitamos nuestro miedo para seguir vivos, para saber de dónde venimos, para no cejar en el empeño de ser mejores, para vivir la vida con toda la intensidad con la que se nos ofrezca.
Te quiero, hijo mío.
Te quiero, hijo mío.

























