"Tenía el nombre de Belisa Crepusculario (...) Su oficio era vender palabras (...) Vendía a precios justos. Por cinco centavos entregaba versos de memoria, por siete mejoraba la calidad de los sueños, por nueve escribía cartas de enamorados, por doce inventaba insultos para enemigos irreconciliables (...) A quien le comprara cincuenta centavos, ella le regalaba una palabra secreta para espantar la melancolía. No era la misma para todos, por supuesto, porque eso habría sido un engaño colectivo. Cada uno recibía la suya con la certeza de que nadie más la empleaba para ese fin en el universo y más allá"
Isabel Allende, "Dos palabras"
Isabel Allende, "Dos palabras"
Descubrir una vocación lleva años; perfeccionarla, toda una vida. Llevo ya casi dos décadas enseñando gramática, sintaxis, tipologías textuales... pero, en realidad, lo que a mí me apasiona es leer, contar historias y escribir versos. Cuando tras la enfermedad empecé a disfrutar de una reducción de jornada, pensé que esta sería mi mejor recompensa: al fin tendría tiempo para dedicarme a mis pasiones. Pero ahora que acaba el curso, me atrevo a soñar con poder vivir como a mí me gusta a tiempo completo porque, estoy segura ya de que no es posible pasar por la vida a tiempo parcial. De modo que, a la vuelta de vacaciones, prometo vivir a tiempo completo: enseñaré a utilizar a quien quiera las dos armas más potentes que posee el ser humano, la capacidad de leer y de escribir. Y en mis ratos libres me dedicaré como Belisa Crepusculario a escribir para otros: escribir discursos de bodas, defunciones, graduaciones... escribir vidas por encargo, declaraciones de amor o tal vez de desamor, como la vida sople.
Nos dicen que hay que tener un oficio o una profesión y que nuestro destino, nuestra vida toda, va a girar en torno a esa elección. Eso es una gran error que nos limita y reduce. Algunas personas se sienten más cómodas en la especialización; otras seremos siempre generalistas y no falta la gente sabia que se queda en un punto intermedio. También en nuestras pasiones, cuando lo que se ama en el fondo es la vida misma, descubrimos que no pertenecen a una sola etiqueta, clase ni categoría. Es entonces que nuestros horizontes se hacen amplios y prometedores. ¡Buen viento Carmen!
ResponderEliminar¡Qué iluminadoras tus palabras! yo, que me he pasado media vida diciendo "no he nacido para esto", asumo con asombro el misterio de la vida: inclasificable, inaprensible, caprichosa, a veces. Tardamos años a veces en darnos cuenta, pero sí: "es entonces que nuestros horizontes se hacen amplios y prometedores"
ResponderEliminarBien!!!
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