"Un moribundo es un muerto equivocado"
Santiago Delgado
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| Ferrer- Dalmau,A, "Al final de la batalla" |
Hoy, mientras desayunaba como cada mañana asomada de puntillas a mi pequeño universo, me he dejado arrastrar a través del agujero mágico de mi pantalla que, los días de suerte, acaba conduciéndome hasta mundos insospechados. Así es como he dado de bruces con este cuento de Santiago Delgado: "Los desertores". Muy resumidamente, narra la historia de dos supervivientes en una batalla de la Antigüedad que son heridos y caen inconscientes antes de conocer el bando ganador. Al despertar, se hacen pasar por muertos para evitar que la antigua costumbre de rematar a los moribundos les robe definitivamente el derecho a la vida. Se levantan temerosos e inician este diálogo sobrecogedor:
El que lleva la iniciativa señala al otro:
-¿Cambiamos las ropas…?
En silencio le responde el aludido, mostrando su ignorancia o perplejidad respecto a lo que dice.
-Yo iré con tus ropas a tu tierra, hacia el sur –dice con ademanes certeros, luego prosigue- … Tú con las mías hacia el norte.
Piensa el aún callado personaje del cuento, y, sonriendo asiente.
Mientras proceden, el parlanchín explica:
-Ya somos muertos, estamos en otra existencia. Tú iniciarás tu nueva vida en mi tierra, donde nadie te conoce. Lo mismo yo en la tuya. Cada uno en una tierra nueva, en la que será respetado merced al ropaje que lleva. Luego, que la suerte y la decisión de cada uno busque su ventura.
-Ya somos muertos, estamos en otra existencia. Tú iniciarás tu nueva vida en mi tierra, donde nadie te conoce. Lo mismo yo en la tuya. Cada uno en una tierra nueva, en la que será respetado merced al ropaje que lleva. Luego, que la suerte y la decisión de cada uno busque su ventura.
He ido arrastrando el recuerdo de este diálogo hasta el momento en el que, al fin, a solas, he podido releerlo para confirmar la respuesta o al menos la intuición que, esta mañana, como un fogonazo, ha iluminado de repente el espacio reducido en el que, como fiera encarcelada, una pregunta merodeaba desde la muerte de P: ¿por qué él y no yo?
Y acaba el cuento:
-Ninguno sabemos quién venció la batalla. Pero mientras no lo averigüemos, nuestros ropajes nos protegerán. Si hemos de cambiar de Dios, de Señor y de lengua, hagámoslo pues que estamos en tiempo nuevo. Quien equivoque vencedor, piense que le duró la duda y mientras duró, esperanza tuvo. En su tierra, raro resucitado sería y no bien recibido habría de ser. Nadie vuelve de la muerte. Y quien ganó victoria, goce su fortuna.
Abrazáronse y sin mirar atrás, comenzaron su andadura en pos de sus nuevas vidas"
El que sobrevive pasará sus días a partir de entonces como un desertor, sin saber quién venció la batalla. Tal vez esa duda lo acompañe siempre y mientras dure, será señal inequívoca de la vida que continúa. Cambiar de Dios, de Señor y hasta de lengua por ir en pos de esa nueva vida precios insignificantes son comparados con el doloroso sacrificio de no volver la vista atrás por temor a ser convertidos, como la mujer de Lot, en estatuas de sal.
El autor me perdone por destrozar este hermoso relato que aquí os dejo para que disfrutéis con su lectura: oficiodeescribirblogspot.com
El autor me perdone por destrozar este hermoso relato que aquí os dejo para que disfrutéis con su lectura: oficiodeescribirblogspot.com





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