"Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres (...)
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez"
Leopoldo María Panero
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres (...)
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez"
Leopoldo María Panero
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| Chagall, M., "El circo azul" |
En mis sueños, las imagino feas y barrigudas, con una verruga solitaria en medio de la nariz, como las brujas de mi infancia tal vez. De su saco penden el peso de nuestros humores, de nuestra libido e, incluso, de algunos de nuestros peores tumores. Pese a los años, como el coco de los cuentos, nos siguen aterrando. No hay edad en la que no sintamos la amenaza de sus pasos vacilantes a nuestras espaldas. Entre nosotras manejamos con soltura nuestros ciclos, nuestros humores, nuestras flaquezas, pero ellos se pierden a merced de un código que les resulta casi siempre indescifrable; tan indescifrable como la aparente simplicidad detrás de la que ellos parecen ocultarse. Y así, en la búsqueda de la tensión exacta del trapecio que juntos recorremos a diario, pasamos la vida entretenidos en este juego en el que mirar abajo está prohibido por no asumir de golpe el terror y el abismo del que camina sin red donde ensayar la vida.

Desde siempre me puso muy negra considerar mis estados de ánimo como una cuestión hormonal, química.
ResponderEliminarY no realmente consecuencia de los sentimientos, de lo que sucedía, una noticia, mis reflexiones, mis dolores, las respuestas de los demás, o de un libro, una película...
***
Todavía me exaspera...
La vida, imprevisible siempre, supera nuestros pobres intentos por controlarla. Y no hay , es cierto, hormonas ni química en los que poder justificarla.
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