"Pero noviembre vuelve
con la torpe paciencia de la fidelidad
(las huellas del amor sobre los hombros
como una caravana de detalles confusos)"
Luis García Montero
Restriega su nombre como si a fuerza de limpiarlo pudiera lavar también su dolor. Se detiene para secarse el sudor mientras coloca las flores y recuerda el frío de otros noviembres. Mira mecánicamente las dos fechas de la inscripción: el dolor se le pega a la garganta y destiñe negruzcos recuerdos como si sobre él hubieran abocado el cubo de agua fría del pasado. Está acostumbrada a tropezar con su nombre: en la inicial bordada de las toallas, en los títulos que cuelgan de la pared, en el buzón por el que se derrama la correspondencia monocorde; pero aún se le anegan los ojos al verlo impreso sobre una lápida. Terminadas sus oraciones, arrastra su luto mientras lee en silencio otros nombres que aprendió a fuerza de costumbre. Camina erguida intentando fingir que el peso de la existencia es liviano por hacerla quizá más soportable. Él está muerto, es cierto, pero sigue empeñado en ganar un noviembre más esa sorda batalla contra el olvido de la que ella parece ser el último testigo.

Un beso grande!
ResponderEliminarHoy estoy muy contenta. Esta tarde he comprado el libro "Prohibido leer a Lewis Carroll". Lo he llevado a casa y Jorge y Belén lo han recibido con mucho entusiasmo. Es la primera vez que vamos a pelearnos los tres por leer el mismo libro. Está recomendado para edades entre 6 y 12 años, de modo que los tres entramos en el rango de edad, jaja.
ResponderEliminarBelén lee de forma compulsiva desde que aprendió, pero Jorge era más reacio, la tecnología ha sido un rival fuerte en este tiempo. Andaba yo preocupada pero al relegar el uso de sus juegos solo al fin de semana, ha empezado a leer en todos esos momentos que a mí me parecen impensables sin un libro: el baño, durante el desayuno, durante la cena... Esta noche, mientras cenábamos, he levantado la vista de mi libro y ahí estaban también ellos con el suyo sobre la mesa. Sé que no es muy ortodoxo, que los pedagogos no lo recomiendan, pero no deja de ser divertida la estampa.
Guay!
ResponderEliminarEs un libro muy divertido, y lleno de guiños para los amantes de Alicia. Está muy, muy bien. Por algo le han dado ya varios premios.
***
También yo hago trucos para que mi nieto mayor, 6 años, que empieza ahora a leer, no le tenga miedo a las letras. Le supone tanto esfuerzo que tiene que ser un texto que le apasione para que siga adelante.
En el cole lee frases como "Dimas poda las dalias" o "Susi sala la sopa"...
Estaba por escribir un artículo en La Verdad sobre el tema, pero S. me ha convencido de que no es oportuno. Por el crío.
¡Cuánta razón! A mí me está pasando también en el cole de mis hijos. Hace unos cursos, le mandaban a Jorge unas poesías para estudiar horribles; recuerdo especialmente una sobre un niño que estaba resfriado. Este año al fin están llegando poemas que merece la pena que hagan el esfuerzo de memorizar: Lorca, Alberti...
ResponderEliminarYo tomo nota por lo que a mí respecta. A veces por dejadez recurrimos siempre a los mismos ejemplos manidos. Me estoy aplicando en la lectura de literatura juvenil. Y es que lleva mucha razón S. cuando en su carta al consejero de educación reclama la presencia de la Literatura Infantil y Juvenil entre los contenidos de las oposiciones. Es tarea nuestra fomentar el amor por la lectura con la elección de lecturas apropiadas.