Hoy me llegó una compañerica a la que quiero mucho con ese rictus que las pérdidas dejan hasta en los rostros más valientes. Y, aunque yo sé que para esto de poco sirven las palabras, vaya por delante esta pobre receta para sobrellevar la adversidad.
A T., por el valor de la sonrisa de hoy
Ingredientes:
1 lámina de dignidad
toda la pena bien escurrida de llanto
2 kilos de resiliencia
un par de pastillas concentradas de soledad
una pizca de compasión
un vaso generoso de confianza
Ingredientes:
1 lámina de dignidad
toda la pena bien escurrida de llanto
2 kilos de resiliencia
un par de pastillas concentradas de soledad
una pizca de compasión
un vaso generoso de confianza
Preparación:
Antes de explicar el proceso de elaboración, será necesario realizar un pequeño experimento para poder entender las características y propiedades de uno de los ingredientes fundamentales de esta receta: la resiliencia
Antes de explicar el proceso de elaboración, será necesario realizar un pequeño experimento para poder entender las características y propiedades de uno de los ingredientes fundamentales de esta receta: la resiliencia
Se pondrán tres ollas con agua, una de ellas con huevos, otra con zanahorias y la tercera con café. Después de veinte minutos, comprobaremos cómo los huevos que eran frágiles antes de la cocción, ante el fuego (la adversidad) se han vuelto duros; las zanahorias, que eran duras, se han vuelto blandas; en cambio, el café, cuando se ha calentado, ha sido incluso capaz de transformar el agua en la que estaba sumergido. La resiliencia es precisamente esto, la capacidad que nos permite sobreponernos a la dificultad y lejos de ablandarnos como las zanahorias o endurecernos como los huevos, nos hace transformarnos a nosotros mismos e incluso a nuestro entorno. *
Una vez que hemos realizado esta pequeña demostración, comenzaremos la receta propiamente dicha con la preparación de una fina capa de dignidad, que una vez acabada, nos servirá como protección contra las miradas curiosas. Para ello, extenderemos sobre la mesa una plancha de dignidad; habrá que ir estirándola con gran delicadeza, de tal forma que quede una capa ligera pero consistente que reservaremos en un lugar seco. A continuación, trabajaremos la pena: el objetivo es que podamos manejar la masa sin que se nos quede pegada a las manos aunque, al principio, el simple gesto de tocarla entrañará una gran dificultad; para facilitar el amasado, habrá que añadir los dos kilos de resiliencia. La resiliencia es, como hemos dicho, esencial en este tipo de cocina y la obtendremos de la capacidad que algunas personas poseen para pasar por situaciones de vida adversas y, a pesar de ello, lograr salir transformados positivamente por dicha experiencia. Cuando ya hayamos mezclado estos dos ingredientes, se echarán las dos pastillas de soledad concentrada y una pizca de compasión de nuestro mejor amigo (de la marca "padecer con", no aceptéis sucedáneos). En el último momento añadiremos un buen vaso de confianza, a ser posible de nuestra cosecha más antigua y lo dejaremos fermentar. Buena parte del éxito de la receta radica en este punto: habrá que cubrir la masa con la fina capa de dignidad que previamente hemos preparado y mantenerla en un lugar tranquilo y alejado de miradas curiosas. Este proceso de fermentación tendrá una duración variable: para unos, meses, que llegarán a convertirse para otros incluso en años. Transcurrido este tiempo, ese dolor inicial que al principio ocupaba toda nuestra mesa de trabajo se habrá transformado y nos habrá transformado a nosotros mismos capacitándonos así para "suscribir un contrato contra la adversidad".
*(Adaptación del libro: Forés A. y Grané, J., La Resiliencia. Crecer desde la adversidad, Plataforma Editorial, Barcelona, 2010)
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¡Guay!
ResponderEliminarMe ha sentado muy bien este plato. Gracias!
Es una receta muy socorrida que conviene tener a mano, ja,ja
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