viernes, 10 de enero de 2014

MICRORRELATO


Habían pasado ya seis meses desde aquella primera vez que se contempló desnuda frente al espejo. Desde entonces, por higiene mental -se decía a si misma- se sometía a diario durante unos breves instantes a la misma prueba rutinaria. Aquella mañana, sin embargo, detuvo su mirada el tiempo suficiente para contemplarse a sí misma tal y como lo harían unos ojos nuevos. Sorprendida, se sintió más preocupada por la celulitis que por su teta. Solo entonces se supo viva otra vez, inquietantemente viva.




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