A Felipe, que me regaló la primera
"El secreto de la poesía pertenece
más al náufrago que al navegante"
Julia Otxoa
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| Lara Pintos |
Desde que tengo uso de razón me gustan las metáforas. Me seduce el juego infinito de nombrar ciertas realidades utilizando términos imaginarios: la construcción de un lenguaje extremadamente potente que dota de poder a quien sabe usarlo. Otras veces, me sirvo de imágenes en este proceso tan fértil de reflejar mi complejo discurso en superficies diferentes a las de las huidizas palabras. Quizá por eso me gustan tanto los elefantes. Los tengo a todos reunidos en una caja que amenaza con una pronta rebelión por sobrepoblación. Junto a ellos, un nuevo inquilino, desde hace unos meses, empieza a ocuparar los pocos espacios libres de mi habitación: las matrioskas.
Su proceso de construcción es delicado: las matrioskas suelen estar hechas de madera de tilo dada su ligereza y su textura. Los árboles son talados por el mes de abril y deben ser procesados durante al menos dos años. Todas las piezas de una matrioska se deben construir a partir del mismo bloque de madera ya que cada uno de ellos posee determinadas características que lo hace único. Este proceso de fabricación artesanal unido a este bello cuento que leí del poeta búlgaro Dimiter Inkiow las dota de magia inigualable. Dice así:
Un carpintero ruso llamado Serguei crea a partir de un trozo de madera espléndido una muñeca a la que decide llamar Matrioska. Un día, la muñeca le confiesa su soledad y su necesidad de tener hijos. Serguei le explica que tendrá que abrirla y sacar madera de ella y le advierte de lo doloroso que resultará el proceso. Ella accede y el carpintero talla una réplica más pequeña a la que llamó Trioska. Pero el instinto maternal se apoderó también de Trioska y Serguei accedió a tallarle una hija que llamó Oska. Oska quiso también descendencia, pero el carpintero comprobó que apenas tenía madera y que como mucho podría hacer una muñequita diminuta más a la que bautizó como Ka. Entonces, metió a Ka dentro de Oska, a Oska dentro de Trioska y a Trioska dentro de Matrioska. Un día, misteriosamente, Matrioska desapareció y Serguei quedó desolado.
¿Me convertiré yo -me pregunto mientras pienso en la histeroscopia y desarmo mis muñecas- en una gran Matrioska que nada alberga en su interior? ¿Se multiplicará con el paso de los años el vacío de esta tarde en un eterno eco sin respuesta? Y sigo vagamente ese discurso mientras recuerdo la época en la que todos me llamabais Ka y continúo casi sin darme cuenta con el juego de siempre, y meto a Ka dentro de Oska, a Oska dentro de Trioska y a Trioska dentro de Matrioska... Y la vida, de repente, vuelve a ser tan sencilla para mí como la del niño que, confiado, coloca la última pieza de un puzle que creyó imposible de acabar.

KA!
ResponderEliminarTú, y el poder de la palabra. La "fuerza vital" que te acompaña.
(Ya decían los egipcios que era un componente divino del espíritu humano, el que logra la inmortalidad.)
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OSKA, TRIOSKA, ... Suenan entre el insulto gordo y el ruso, lo que dicen los soldados danzantes mientras hacen saltos espectaculares, todos a la vez, con sus botas brillantes y sus casacas rojas.
O a Tolstoi, que para mí es un escritor entrañable.
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MATRIOSKA, matrona, madre, María... La delicadeza.
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Creo que tienen que ser impares. Así que a la de la cola la llamaremos A. (Y de madera del tilo)
Estos son días de evaluaciones. Me gustan especialmente las evaluaciones iniciales, son importantes, tú lo sabes, se toman muchas decisiones y se conocen datos determinantes de nuestros alumnos. Pero hay días en los que uno vuelve a casa con el estómago encogido: de repente, descubre el auténtico drama que se esconde detrás de algunas vidas. Al día siguiente, cuando los vuelves a ver en clase, entiendes muchas cosas, disculpas tantas otras. Y te sientes agradecida un día más por esta profesión tan hermosa y tan difícil.
ResponderEliminarEsta tarde he estado "hablando" por wasap con la madre de una alumna de hace unos años. Y me recordaba agradecida cómo me había portado con su hija... Que siempre me estarían agradecidos ella y su familia.
ResponderEliminarEstas cosicas emocionan.
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Y sí, qué difíciles las vidas de algunos niños. Qué suerte que te tengan!