"El que soy y el que fui se juntan, se interfieren a menudo y fingen ser el mismo"
Todos los triángulos esconden algo de perversión. Incluso los equiláteros dejan transparentar cierta malicia bajo ese trazado de aparente perfección. Tres son multitud, reza el dicho popular, siempre hay un tercero en discordia, no hay dos sin tres y tantos otros nos alertan de la perversión de este número. Nosotras, muy a nuestro pesar, no pudimos elegir.
A los pocos meses, ella se había convertido en el vértice de aquella relación. Movía los hilos haciendo que nos contorneáramos en posturas imposibles. Acatábamos sus reglas con el secreto deseo de mantenernos enlazadas toda la vida en aquella imposible simbiosis pero, nuestro temor y nuestra absoluta sumisión iban en aumento a partes iguales. No teníamos escapatoria.
"Si te mueres, dejo de hablarte", nos decía en un susurro cada noche a modo de despedida. Nosotras luchábamos por respirar, por no morirnos, por seguir escuchando su voz. Pasábamos la noche aferradas la una a la otra, protegidas por el silencio hasta el amanecer. Algunas mañanas, antes del colegio, jugábamos las tres juntas, esos eran los mejores momentos. Pero la mayoría de los días, nos encerraba a cada una en una habitación. A mi siempre me tocaba el cuarto de su hermano pequeño donde era sometida a todo tipo de vejaciones que, sin embargo, nunca quise contar. A la noche yo siempre disimulaba porque sabía que su suerte no había sido mejor que la mía, escondida en el cuarto de baño, junto a la comida del gato.
Más de una vez estuvimos a punto de perder la vida pero, finalmente, habíamos conseguido sobrevivir; incluso, la habíamos sobrevivido a ella, que dejó de hablarnos una mañana sin previo aviso, justo el día que le vino la regla. Desde entonces, hemos vivido arrinconadas en el desván, hasta hoy, que ha subido a rescatarnos. Está muy gorda, pero el embarazo le sienta muy bien. Nos ha lavado la ropa, nos ha peinado y nos ha puesto sobre la cuna. Quedan pocas semanas para que llegue el bebé. Cuando nazca, nos desharemos de él, solo entonces nos convertiremos de nuevo en sus muñecas favoritas y, al fin, volveremos otra vez a ser tres.
Más de una vez estuvimos a punto de perder la vida pero, finalmente, habíamos conseguido sobrevivir; incluso, la habíamos sobrevivido a ella, que dejó de hablarnos una mañana sin previo aviso, justo el día que le vino la regla. Desde entonces, hemos vivido arrinconadas en el desván, hasta hoy, que ha subido a rescatarnos. Está muy gorda, pero el embarazo le sienta muy bien. Nos ha lavado la ropa, nos ha peinado y nos ha puesto sobre la cuna. Quedan pocas semanas para que llegue el bebé. Cuando nazca, nos desharemos de él, solo entonces nos convertiremos de nuevo en sus muñecas favoritas y, al fin, volveremos otra vez a ser tres.

Qué misterioso relato!
ResponderEliminarNo sé si lo interpreto bien, o si cada lector puede interpretarlo a su aire.
En esa ambigüedad nebulosa, oígo hablar a una muñeca abandonada y recuperada después...
La palabra "muñeca" tal vez me ha llevado por esa pista.
¡Qué inquietud!
***
¿Un cuento de Navidad?
Mis alumnos de primero me pidieron redactar cuentos de miedo. Llegó el día y me preguntaron, después de leer sus cuentos, que dónde estaba el mío. Me pareció divertido escribir para ellos. Les conté este y una de ellas pidió la palabra y lo "destripó" perfectamente. Entre todos entendieron que la clave, efectivamente, Aurora, estaba al final: en realidad era un triángulo perverso entre una niña (que luego crece) y sus dos muñecas. La primera interpretación es la que cuenta, jeje
ResponderEliminarFue divertido jugar a ser escritores, desde el mismo nivel, aportando cada uno lo que tiene. Leyeron textos muy interesantes. Hacía tiempo que no tenía un grupo con tantas ganas de disfrutar con la asignatura.
Disfrutan porque tú disfrutas!
ResponderEliminarMe alegro de que tus alumnos aprendan a divertirse con las palabras, con las historias, con la Literatura...