A Isabel
"Vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos (...) y sentí vértigo y lloré porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo"
J. L. Borges, El Aleph
Después de quince horas escuchando hablar de Borges, uno empieza a ver alephs detrás de cada rincón. El de esta tarde adoptaba la forma de una puerta verde. Esa puerta también era el punto que contiene todos los puntos del universo. Ante ella todas las posibilidades de lo real convergen en forma de diversas actitudes, tan cambiantes y poliédricas como la propia realidad. La posibilidad de quedar paralizado por el miedo; la de empujarla; o la más compleja de todas: sentir que la puerta se abre con el peso del que intenta saltarla. La puerta verde, señalada como uno de los puntos de una ruta de senderismo en torno al Escorial, se convierte así en metáfora de nuestra actitud ante la dificultad.
¡Felices los valientes que no dudan en dar el arriesgado salto que les devuelve la sorpresa y el deslumbramiento de lo imprevisible!

Cuánta vida tras las puertas verdes!
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