"Si a la larga
lloramos juntas,
nos estrechamos,
secamos la boca de la otra
del beso allí colocado
para sellar el tacto
de los espíritus separados
por algo tan necesario
como el tiempo,
habremos hecho bastante"
Quise que Belén estrenará su vida adulta con una visita al teatro, reconozco que no muy acertada. Me había encantado con La Odisea, pero confieso que El Brujo en El asno de Oro había resultado una sarta de despropósitos mal hilados. Creo que B. lo único que entendió fue su célebre frase a fuerza de repetida: "no... si yo de lo mío estoy mejor".
Esa misma frase era la que B. repetía entre carcajadas mientras le relataba una anécdota sucedida esa mañana con una nueva compañera que, apenas hacia unas semanas había llegado al departamento a cubrir una baja. Me preguntó acerca de la duración de su contrato y fue cuando le conté la reciente viudedad de la compañera a la que sustituía. Muy empática, se le humedecieron los ojos y fue cuando, casi al descuido, le conté que también yo lo era y que hacía unos años que había tenido un cáncer, de ahí lo de mi reducción de jornada. Fue todo tan atropellado que la dejé con la cara desencajada. Aquello a B. le pareció tan divertido que no podía dejar de reír. Y realmente lo era, allí estábamos, riéndonos a carcajada limpia de los dos acontecimientos fundantes de nuestra vida. Habíamos aprendido a desdramatizar la muerte y la enfermedad .
B. atraviesa su adolescencia, que es el período en el que todos los padres empiezan a sufrir las iras de los hijos, y este es precisamente el momento en el que nos estamos reconciliando con la parte dañada que persiste en cada una de nosotras desde la muerte de su padre. La maternidad empieza a desteñirse por primera vez los tintes de culpa, de frustración, de tardes tediosas de jardín, de rabietas, de noches en vela... y comienza, lentamente, a dar sus frutos. Y es que, realmente, nosotras, de lo nuestro, empezamos a estar muy bien.

Son unas traviesas tu y Belén, creo que hasta les salieron alas con esa risa. Vuelen alto que hay mucho que gozar al saber ser hija de una gran madre y madre de una gran hija. Dos abrazos hoy para que se los repartan.
ResponderEliminar¡Ay! Estamos en plenas correcciones de exámenes y ni un rato para leer o escribir. ¡Qué ganas de acabar y de dejar descansar a los pobres alumnos!
ResponderEliminarY cada vez mejor... Tenéis complicidades fuera de lo común! Y las dos sois fantásticas...
ResponderEliminarSiempre intentando recomenzar...
ResponderEliminarOs puedo imaginar... Qué maravilla
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