domingo, 19 de marzo de 2017

"RARITOS"

«En el colegio me sentí muy tonto, pero ¡es que lo era de verdad! Muchas veces, tras esa frase de “yo era muy tonto” se esconde una vanidad que se traduce en “lo que me pasaba a mí es que era muy inteligente y vivía en mi mundo”. Pues no. Yo no estaba en un universo más elevado, es que, por lo que fuera, no me enteraba de nada. (...)  Reconozco que sentía como una tristeza, una melancolía, porque mi falta de talentos era general. No se me daba bien nada. Ni hacer un puzzle podía. Si jugaba al fútbol y de pronto me iba, mis compañeros ni reparaban en mi ausencia. No entendía las matemáticas, que luego me han entusiasmado. Yo creo que mi cerebro evolucionó muy lentamente»
Juan Carlos Ortega, "Soy un inadaptado", El País (19 marzo 2017)











Leía esta mañana de domingo, desde la cama, mientras el olor a café se colaba entre las sábanas, este artículo de El País. Confieso que nunca he escuchado a Juan Carlos Ortega, pero la cita que comparto ha hecho que me salten las alertas y, rápidamente, he tecleado su nombre en Internet para escuchar su voz. Os dejo este genial programa titulado "Las noches con Cervantes" (minuto 2, segundo 36).

De la sonrisa inicial he pasado en pocos segundos al gesto adusto marcado por nombres y recuerdos concretos. ¿Cuántos de mis alumnos volverán a casa a diario con la misma sensación que relata Juan Carlos en esta entrevista?

«De niño, ay, no me salían las cosas. Los profesores pensaban lo mismo, y el Padre Paíno les decía a mis padres, este chico no hará nunca nada importante»

¿Cuántos Juan Carlos tenemos en nuestras aulas, tocados de talentos innatos que quedan aplastados bajo el rojo de algunos diagnósticos que los etiquetan para siempre? Siglas que son para ellos un extraño galimatías (TDHs, ACNEAEs...) y a los que los padres se agarran como tabla de salvación en el loable esfuerzo por que su hijo o su hija reciba las medidas de atención que nuestro sistema educativo no puede desplegar de forma efectiva hasta que son diagnosticados. También los docentes nos aferramos en ocasiones a esas etiquetas para justificar muchas veces la ineficacia de nuestros métodos. 

Creo que no existe fórmula más infalible que hacer que nuestros alumnos vuelvan a casa con la sensación de saberse importantes, de sentirse reconocidos por su profesor y por sus compañeros. Es necesario, de una vez, que dejemos espacio en nuestras aulas para descubrir y explotar los talentos que cada uno de ellos posee. Nuestra tarea será muchas veces no más que la de acompañarlos y mostrarles el camino, tal y como decía mi querido maestro Pepe Perona: "Enseña solo, oh maestro, el camino del esplendor"

Tal vez se deba a una anécdota que marcó mis días de instituto, en aquella época en la que los departamentos de orientación no eran lo que son hoy día, donde su tarea se reducía a unas charlas de orientación académica y profesional que acompañaban de un test previo que les permitía hacer una valoración de las aptitudes de los alumnos. Recuerdo que los resultados de mi test no debieron de ser muy brillantes porque, y pese a mis buenas notas, el orientador llamó a mi madre para sugerirle la conveniencia de matricularme en un, tan denostado entonces, centro de F.P. Mi madre, con esa sabiduría y claridad de las madres de entonces, no hizo caso al comentario al que le dio carpetazo durante una comida convirtiéndolo en una anécdota más de las muchas que fuimos atesorando a lo largo de nuestros años como estudiantes. Aquello, lo confieso, dejó un poso en mí de cierto fracaso y un rechazo visceral a los test de inteligencia y a los orientadores escolares (que después, curiosamente, resultaron siempre mis compañeros preferidos cuando me convertí en docente). Lo que yo sí sabía en aquel momento es que quería ser profesora de Lengua, quería escribir y llegar en moto al instituto. He conseguido lo más difícil, lo de la moto aún está por ver. Gracias a esa confianza infinita que mis padres tenían depositada en mí, pude llegar a conseguirlo.

Quizá sea esa la razón por la que a lo largo de mis años como docente haya ido haciendo una colección única de voces que me acompañan en los audios del teléfono, dibujos que adornan aún mis carpetas, poemas dedicados... porque estoy convencida de que, algún día, veré sus nombres en un programa de televisión, o en una radio, o sobre la portada de un libro... En cualquier momento empezarán a brillar con esa luz que a veces, solo a veces, dejan fluir durante unos segundos, unos minutos no más, el tiempo suficiente para que me traspase una fe que sigue siendo inquebrantable, una esperanza ciega en que algunos de los que hoy fracasan en nuestro sistema serán los grandes triunfadores del futuro. 

Así sea.


8 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo en todo...
    ¿Cómo puede haber profesores de digan eso de sus alumnos? Nunca se sabe que pasará en el futuro... Aunque un chico no aprenda lo esencial de tu asignatura durante un curso escolar. Cada uno tiene sus habilidades y aptitudes, a veces todavía sin descubrir.
    ***
    Algunas veces oígo el programa "Las noches de Ortega", los viernes, en la Ser. Son muy divertidos y surrealistas... Me encantan.

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  2. Estoy segura de que algún día los verás Carmen, tienes los tres ingredientes: empatía a borbotones + compromiso nacido del amor a la profesión + plena confianza en lo que el sentido común y nuestros valores nos dicen (que es lo que defines en tu madre como sabiduría y claridad). Otro día te cuento de mis gratas experiencias, no quiero abusar de tu espacio. Un abrazo.

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  3. Este es también tu espacio. Eres bienvenida. La soledad del que escribe en un blog como este, que leen solo los amigos, se mitiga con vuestros comentarios. Aurora sabe mucho de esto porque sus palabras me han acompañado desde el principio. Ahora nos enriquecemos también con las tuyas. Un abrazo

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  4. Gracias Carmen. Sólo decirte que también fui maestra (32 años) y aunque no cuento en mi haber a ningún ex alumno famoso, la comunicación que mantengo con algunos de ellos me devuelve hombres y mujeres que viven su humanidad más allá de su profesión y lo hacen con orgullo y agradecimiento. La lección que yo les aprendí es que les enseñamos más que teorías y fórmulas. Un abrazo.

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  5. Con tu permiso me gustaría compartir mi experiencia contigo, desde el otro lado:
    Como madre de una hija con esas etiquetas que tú comentas, reconozco que han sido de suma importancia para mí asumirlas desde un principio, porque abría la posibilidad de actuar de manera integral sobre el niño y respetar sus tiempos y su capacidad, porque de otra forma todos estábamos un poco perdidos. De nada sirve el esfuerzo de los docentes si desde casa no se mantiene la misma línea. Y lo contrario tampoco funciona. Y esto es verdaderamente difícil de coordinar.
    En mi caso, he intentado siempre que mi chica tuviese ganas de aprender, independientemente de los resultados académicos. En eso me centré todo el tiempo. Lo importante era ir al colegio motivada. Le decía que tarde o temprano separaría las palabras (escribía todo junto) aprendería la tabla de multiplicar, dividir y los problemas... ¡ah los problemas! el maravilloso razonamiento lógico. Todo era un mundo en ese momento, pero lo cierto es que ahora está en 3º ESO y no tiene adaptación curricular y es una de las dos chicas de su clase que ha aprobado el trimestre sin suspensos. Eso no quiere decir nada, de hecho, es una triste noticia. Pero quién haya conocido a mi chica desde pequeña no puede creerlo. Todos los niños aprenden, en algunos casos graves la evolución casi no se aprecia. A día de hoy mi chica es consciente de su dificultad en temas académicos, por eso ha desarrollado una gran capacidad de trabajo -que a mí me sorprende- que suple otras carencias. En este recorrido he querido ayudarla de la manera que sabía, prácticamente le he ido adaptando el mundo, cada vez menos, hasta que ella sola se está enfrentando a él. Y ha sido una ardua tarea, porque el mundo de los niños lo hemos convertido en una carrera de 100 metros lisos.
    Como tú dices, debemos confiar en los niños y hay múltiples inteligencias y que la académica es solo una de tantas, no la más importante.
    Gracias por compartir esto, de verdad gracias.

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  6. Gracias por hablarnos de tu hija. Con qué orgullo debes mirar a quien tanto le ha costado alcanzar las cimas desde las que hoy divisa el mundo. Estos alumnos que aprenden tan temprano el valor del esfuerzo acaban sorprendiéndonos a todos cuando son ellos los que terminan una evaluación con todo aprobado. Tenemos tanto que aprender de ellos. Creo que cada uno de nuestros alumnos tiene algo especial que le hace brillar con una luz propia. Nosotros deberíamos estar ahí para mostrarles el camino... "el camino del esplendor"

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  7. En el tema de ser adolescente hoy en día (y madre de adolescente -difícil saber que nos reta más-), les recomiendo este escrito que publica hoy Ocells: https://ocells.wordpress.com/2017/05/11/trece-sinrazones/

    No tiene desperdicio pero resalto esta frase: "como si los jóvenes necesitaran de fabricaciones para descubrir sus motivos y temores"

    Abrazos.

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