domingo, 27 de agosto de 2017

FINAL DEL VERANO


Tate



Es difícil saber a quién me dirijo esta noche: junto a la misma almohada que usabas de bebé, se extiende tu pelo mezclado de arena, sudor y vómito. Alguien llamó y corrimos hasta la playa sin presentir en ningún momento la  desolada imagen que nos brindarías. La primera mordedura adolescente en mi corazón de madre. Vomitar cada uno de los años en los que fui  la madrastra mala de tu cuento. Arrancarme el dardo envenenado de tu rabia y de tus hirientes acusaciones. Sacudirme la arena de cada noche de insomnio. Lavar la culpa y la responsabilidad de la muerte de tu padre. Y como entonces, desear y temer al mismo tiempo que llegue mañana. 

Mañana acaba el verano para ti. Abandonas en esta playa el último mes de tu inocencia - solo sabrás calibrarlo con los años-. Mañana asistirás inerme al final de los días de sol y mar, donde respirar era tan sencillo como el vuelo de una gaviota. Mañana despertarás y serás otra. Comprobarás por primera vez que la vida iba en serio. Habrás envejecido muchos años en una sola noche y, al despertar, sentiremos el crujido que corta nuestro cordón umbilical, mi propia prolongación en ti. Mañana buscaré detrás de esos ojos desconocidos un pequeño atisbo donde reconocerte, cualquier señal que me haga creer que aún sigues ahí. Mañana toca recoger los restos del naufragio, recomponer los muros y, con mucho dolor, volver a empezar. 


1 comentario:

  1. Ese pozo profundo que parece conducir solamente hacia túneles oscuros de aguas revueltas… Culpas que desatinadamente asumimos y rebasan el dolor de la ausencia y la soledad. Poco saben muchos de la injusticia con que nos abaten los hijos mientras crecen. ¡Es tan difícil aprender a enseñarles! Aún más cuando olvidamos que jamás podremos vivir sus vidas.
    Justamente por eso, querida Carmen, es indispensable pasar un trapito, todos los días, sobre ese espejo que se empaña con facilidad. Quitarle todo lo que estorba y volver a reconocernos y amarnos. Hoy te será difícil creerme, pero los hijos, con el tiempo y nuestro amor, acaban rindiéndose, agradecidos y fuertes, a la verdad de nuestra entrega.

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