Ahora sí, estaba convencido al fin de que aquellos días encerraban lo que más tarde intentaría recordar como su cota más alta de felicidad. Con frecuencia, la felicidad nos tiende estas trampas: solo la identificamos años después, cuando aquello que nos hizo mirar complacidos nuestra existencia forma parte ya definitivamente de nuestra memoria. Pero a partir de ese momento, intuía que todo sería diferente.
Había empezado a notar los cambios aquella tarde frente al espejo de la casa familiar comprado en una almoneda por el abuelo hacía ya varios lustros. Se vio a sí mismo frente a él buscando más allá de las manchas de humedad y de las rayas de su superficie algún gesto, alguna señal que le resultara familiar. La imagen que le devolvía el espejo coincidía, con la precisión propia del trabajo de un buen taxidermista, con las fotos de los álbumes que se escondían dentro del viejo armario, pero era incapaz de reconocerse: había empezado a olvidar. Fingía ante sus padres, demasiado ancianos para enfrentarse a ciertas verdades; fingía ante su esposa, extenuada después de soportar su larga enfermedad; fingía ante sus hijos, tan necesitados de un padre como él de una identidad; pero ante su perro, no se esforzaba en disimular. Solo ellos dos compartían aquella inquietante verdad: todo el pasado había quedado suspendido en una especie de limbo incierto y a partir de ese momento, solo tenía por delante presente, kilómetros y kilómetros de felicidad por estrenar.

Me gusta, me sigue gustando, lo que escribes. Siempre con una amplitud de campo regalado al lector. Tus palabras no tienen la exactitud cerrada de una operación matemática. No. Sugerencias, matices, guiños, dudas, interpretaciones...
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Intuyo la pérdida de la memoria, el alzheimer que avanza irremediable, la complicidad absoluta del amo y su perro que no entiende más que de amor generoso.
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Hemos estado unos días por la provincia de Zamora, por los pueblecillos fronterizos de Portugal y España. En muchos, parece que el tiempo se ha detenido en la primera mitad del XX, pero el móvil y la televisión conecta a sus habitantes milagrosamente con el siglo XXI.
Nos hizo calor durante todas las horas de luz.
Ahora sigo en La Manga: es una gloria particular. Aquí estoy fantásticamente bien.
¿Cómo sigues tú? ¿Vas recuperando las fuerzas físicas?
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Lo pasé muy bien en la cena. Besos a Carlos.
Querida Aurora:
ResponderEliminarA veces durante días o incluso semanas, escapo del blog: supone siempre abrir la puerta a demasiadas emociones; aquí siempre acabo encontrándome con retazos de mí misma que desconozco.
Esta semana he recibido los resultados de la anatomía patológica. Dicho así parezco una experta en la materia, pero lo cierto es que dada la brevedad de la exposición y pese a la sencillez con que mi oncóloga me habló, lo único que saqué en claro es que todo estaba bien, que los bordes estaban limpios- esa frase me gustó- y que la respuesta de mi tumor a la quimioterapia había sido muy buena, especialmente los ganglios, que era lo que más les preocupaba. Después nos fuimos a celebrarlo con unas cervezas y me sentí conforme con todo, con esa serena complacencia del que sabe que, al menos, ha ganado una batalla.
De modo que, a la vuelta de las vacaciones, seguiremos con la celebraciones. Creo que encontrar razones para la alegría no nos resultará difícil.