domingo, 15 de diciembre de 2013

LECCIONES DE GEOMETRÍA




A María José, de quien aprendí el coraje de cerrar círculos.


"Parecía que de tanto avanzar se había llegado al principio"
F. Rodriguez Andrados.




Se había propuesto cerrar círculos. Sabía que no era fácil. Lo había experimentado a lo largo de aquellos años tan sombríos: avanzando casi a tientas, sin saber muy bien hacia donde, llevada por la apremiante necesidad de huir, huir de sí misma, de su pasado, de aquello que un día le cambió la vida. El dolor la había instalado en otra dimensión,indolente en apariencia, incomprensible para todos.

Esta vez, en cambio, todo era diferente: se cumplía un año desde que le diagnosticaron la fatal enfermedad y alentada por el falso valor del que sabe que ha pagado con creces su cuota de sufrimiento, afloja el paso y se permite el lujo de hacer inventario. Solo entonces tiene la certeza del engaño: vuelve a estar donde al principio. Y las heridas que no sanaron entonces vuelven a sangrar. Y su apariencia indolente, construida con tanto esfuerzo, se vuelve frágil y quebradiza, como el majestuoso tronco del árbol centenario derribado en cuyos anillos se adivinan los años y los precios pagados por cumplir fielmente con las estaciones.

Se pregunta si los árboles también cerrarán círculos mientras recorre lenta y cuidadosamente aquella sinuosa espiral en la que parece avanzar su propia vida y aprende con esfuerzo a reconocerse en cada uno de los giros que la suerte le fue imponiendo. Desanda por fin el camino y solo cuando llega al centro, se sabe por fin a salvo de seguir huyendo, de ella misma, de su pasado, de aquellas cosas que un día le cambiaron la vida. 

5 comentarios:

  1. Quiero comentar tus entradas y voy dejando pasar los días… Uno y otro, y otro…
    ***
    Es que me quedo sin palabras.
    Te leo con ansiedad primero; luego, despacio, intentado llenar de significado cada palabra, cada frase, cada suspiro, cada pausa…
    Y al final me quedo muda. Emocionada. Perpleja ante esa sinceridad sin tapujos, ante la claridad intensa y honda de tus reflexiones.
    Me quedo sin saber qué decirte, por dónde entrar en esos textos tan tuyos. En esa batalla que vas librando con el pasado, con la enfermedad vencida, con sus consecuencias, contigo misma.
    ***
    Ya sabes que en la sombra, tras el anonimato de la pantalla, estoy contigo. Que me tienes para lo que quieras. Un té, unas risas, un poema, un paseo…
    Y estoy segura que, detrás de mí, o a mi lado, hay un montón más de lectores callados, que sigue este blog sin atreverse a decir nada.
    Oigo sus respiraciones y sus murmullos de asombro.

    ResponderEliminar
  2. Te escribo estas palabras mientras son otros los que escuchan las certeras palabras que, seguro, estarás pronunciando tras la cena en la que se celebra tu jubilación. Desde aquí, también yo te acompaño y celebro contigo este momento tan gozoso.

    He visto a compañeros abandonar con desgana esta profesión; he visto a algunos ansiar con desesperación casi ese momento tan retardado; he visto a otros cerrar con mucha nostalgia esa etapa; y te veo a ti, y siento que eres de las pocos docentes en los que la jubilación no ha conseguido arrebatar esa forma tan especial de estar en el mundo como solo las personas apasionadas con su profesión son capaces de mantener hasta el último momento. Me alegra mucho haber sido compañera tuya, haber sido testigo de tu forma de entender el aula, tan poco convencional, tan fuera de lo prescrito, tan abierta siempre hacia el diálogo, hacia el libro, hacia los autores vivos, hacia el mundo. Estoy convencida de que los alumnos que a lo largo de estos años han tenido la suerte de sentarse en tu aula serán hoy mejores personas porque una vez, alguien, cuando eran adolescentes, les transmitió una pasión que, seguro, cambió sus vidas.

    Gracias por haber enseñado tanto. Gracias por seguir enseñando.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, ay, ay!
      Cada vez que leo tus palabras de arriba me emociono y me pongo como una pava real...
      Y hasta me entran ganas de llorar.
      ***
      Fue una noche más protocolaria que emocionante. No sé si será una impresión mía o que realmente me "recubrí" de un caparazón duro para no sucumbir en el mar de sentimientos posibles.
      Éramos muchos profesores, tres de Lengua y Literatura. Y no hubo lugar para individualizar los más de doscientos ochenta años de vidas profesionales, si sumamos una media de 35 años de cada uno.
      Me llegaron al corazón los abrazos y palabras al oído de algunos compañeros, ya te diré de quiénes. Y el resto, casi "un deber ritualizado" que salió adecuadamente.
      Escribí un pequeño texto para la ocasión, sí, pero no lo leí porque no encontré el aire oportuno. Éramos muchos y ya sabes que los muchos discursos cansan. Me limité a decir "gracias"...
      ***
      Me gustan tus palabras y las releo.
      Jejejeje
      ***
      Gracias!

      Eliminar
  3. Querida Carmen,

    Como siempre la naturaleza nos da lecciones de sabiduría en esto de sobrevivir. Qué magnífica muestra de crecimiento la de los círculos de los árboles. Llegaron a esa conclusión hace miles de años, con razón han llegado a ser centenarios e incluso milenarios.

    Al leer tu relato me vino a la mente un proverbio zen que leí hace tiempo y me gustó mucho, quizá lo conozcas, dice así:

    Los árboles meditan en invierno,
    gracias a ello florecen en primavera,
    dan sombra y frutos en verano
    y se despojan de lo superfluo en otoño.

    Qué gran suerte la nuestra haber conocido Santa Ana.

    Por último decirte, otra vez, que me encanta cómo escribes, supongo que no soy la primera que te lo dice. A ver si el mundo se está perdiendo a una gran escritora y tú sin darte por aludida.

    Un abrazo muy fuerte, nos vemos pronto.
    María José

    ResponderEliminar
  4. Me reconfortan tanto estas palabras en las que reconozco los firmes lazos que nos unen, que van más allá de la amistad o de los fuertes vínculos familiares, Me siento profundamente agradecida por tu apoyo incondicional a lo largo de estos años. Pese a tantas dificultades, hay momentos en los que me sorprendo a mí misma descubriéndome como un ser muy afortunado: vosotros sois parte de mi fortuna. Gracias.

    ResponderEliminar