"Puede ocurrir que un día, al despertar
hayas vuelto a ser tú
y nadie pueda ya reconocerte"
Federico Gallego Ripoll
Ya en la orilla comenzó reconocer los rostros que, desde dentro, se confundían entre la multitud: Antonio, su mejor amigo de la escuela infantil; Adela, la monitora de natación de la que todos andaban enamorados; Susana, su primera novia; y en primera fila, sus padres y sus hermanos en esa estampa familiar de la fotografía que tantas veces había contemplado tratando en vano de distinguirse de su gemelo. Estaban todos salvo él, que parecía condenado a bucear verano tras verano en aquellas aguas que, después de tantos años, seguían pareciéndole tan frías como la mañana en la que los dejó a todos en la orilla con el alma en vilo, pendientes de unos ejercicios de reanimación que, esta vez, no podrían calificar como un simulacro fallido más.

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