"Ay, el amor del jubilado que levanta en el aire de la playa sus castillos. El amor del que jamás espera. El amor platónico del náufrago. El amor sin pruebas del culpable. O el amor a secas"
Raúl Vacas
Los médicos coincidían una temporada más en que todo se reducía a un problema ocasionado por las defensas. La analítica atestiguaba que las suyas estaban tan bajas que solo aquello podría explicar que ella, tan sana como una manzana, se dejara enamorar por él, más feliz que una perdiz. Pese a todos los remedios, transcurrió aquel frío invierno recaída tras recaída, hasta que la llegada de la primavera con sus aires nuevos la inmunizó temporalmente contra ese virus altamente contagioso que afecta a la razón y al entendimiento y amenaza convertirse en la verdadera pandemia de este siglo.

¿Sólo de este siglo?
ResponderEliminarLa Literatura recoge casos extremos desde la antigüedad más remota. Y en los textos actuales no dejan de aparecer mutaciones de este virus destructivo, tan dulce, que afecta seriamente a la razón.
Ja,ja. Me he cargado de un plumazo buena parte de la historia de la literatura, la razón de ser de algunos de los mejores poemas que se han escrito
ResponderEliminarEstoy tan cansada de enfermedades contagiosas que generan tanto miedo... Imagina que un día la radio nos despertara advirtiéndonos de que el amor puede contagiarnos en cualquier esquina y que como medidas preventivas evitemos mirar al compañero de trabajo a los ojos, que no rocemos la mano de la panadera de la esquina y que contengamos el aliento al cruzar por los jardines llenos de parejas enamoradas. ¡Qué gusto daría entrar a un hospital!
Va a venir Raúl Vacas a Murcia. Te avisaré...
ResponderEliminar¡Qué ilusión! Me encantará volver a verlo. Si no recuerdo mal, lo escuché una vez gracias a ti.Guardo de aquel día un librito de poemas que se titula "50% algodón" y que comienza con ese prólogo que a mí me sacude cada vez que lo leo:
ResponderEliminar"El amor es una buena excusa para morir sin prisa una mañana o vivir, envuelto en llamas, más allá de las sombras. Pero el amor, como el maíz de bote o los espárragos trigueros, tiene la fecha escrita en el envase y un día, o una noche, cría moho y se estropea.
Así es cómo, sin saber por qué, o sabiéndolo todo, la soledad escarba en los recuerdos. Y llega entonces la noche. Y después el día. Y otra vez la noche. Y de nuevo el día. Y la noche. Y hacen ruido los sueños"