MICRORRELATO
(De una expresión muy divertida que le escuché el otro día a una de esas adivinas que a veces me aparecen por la radio: "te está creciendo el sentimiento")
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| Lichtenstein, Kiss |
En los últimos años le había crecido tanto el sentimiento que ya no sabía qué hacer con él. Probó a recogerlo en una cola de caballo, a trenzarlo sobre la espalda, a esconderlo bajo extravagantes sombreros... nada. No sabía cómo le había permitido crecer de esa manera tan invasiva. Al principio, apenas si se dio cuenta: la costumbre diaria de escrutar aquel rostro en el espejo apenas le permitía adivinar lo que estaba pasando. Hasta que, de repente, un día, se vio reflejado sin las lentes que distorsionan la verdad y acaban por convertirla en sórdidas mentiras. Solo entonces, llamó a un peluquero a domicilio: por primera vez se sentía incapaz de cruzar la puerta dejando tras de sí ese rastro. Llamó a su médico. Incluso a un asesino a sueldo. Todo fue inútil. No consiguieron una solución viable. El peluquero afiló todo tipo de tijeras y de navajas... nada. El médico probó mil incisiones con sus precisos bisturís... nada. El asesino intentó métodos que ya no se empleaban desde la Edad Media... nada. Finalmente, la pitonisa le explicó que, aquello, una vez que empieza, ya es imposible de parar. Que, especialmente, los que agarran en testuces muy propensas a la ensoñación y a la lectura, esos son lo de peor augurio. Y que nada podía hacer salvo reconocer que quizá toda una vida andaría enredado en aquel sentimiento por el que a punto estuvo de perder, incluso, hasta la cabeza.

Jején eje, qué divertido y "kafkiano" relato...
ResponderEliminarY hay que ver qué expresiones se dicen y se oyen.
Confieso que, igual que otros son adictos a los programas del corazón, yo escucho con auténtico deleite a estas falsas adivinas de la radio. Tienen un discurso lleno de mentiras, plagado de incorrecciones y teñido de una espontaneidad que me provoca a veces la sonrisa mientras conduzco camino del trabajo.
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