domingo, 28 de diciembre de 2014


MICRORRELATO 

"Pero no intentes construir con nubes.
Nos lloverán encima.
Las mías no escampan esta noche
y repiquetean en los cristales de mis gafas:
los-re-yes-son-los-pa-dres.
Son-los-pa-dres.
Los-pa-dres.
Pa-dres"

Sonia San Román



Beatriz Martín Vidal


Aquel año fue el primero que no celebramos los Reyes, al menos, de la forma en que solíamos hacerlo. Mamá nos obligó a escribir largas cartas que nunca nos atrevimos a entregar y que acabaron escondidas bajo la cama, sepultadas detrás de los armarios, perdidas dentro de los grandes bolsillos de los abrigos de papá. Algunas las encontramos ya de adultos. Por entonces, aún nos seguía pesando la mala conciencia de haber olvidado, con la muerte de papá, la hierba para los camellos y el vino de los Reyes, que aquel año, por primera vez, se olvidaron de pasar por nuestra casa. Mamá, entre lágrimas, se empeñaba en confesarnos que la culpa no era nuestra. Y aún hoy, treinta años después, nos sigue mintiendo con la misma ternura con la que entonces nos decía que los Reyes son los padres. 



3 comentarios:

  1. Porque hay cartas que hay que ser muy valiente para poder entregar. La de Belén este año termina con el siguiente párrafo:
    "Aunque si soy sincera, ningún regalo que he pedido sería tan bonito, divertido, simpático, cariñoso y bromista como mi padre. Me gustaría que pudiera llegarle esta carta de su hija que no lo olvida nunca".

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  2. Se me han llenado los ojos de lágrimas y ya me he dejado llevar... Lloro a moco tendido.
    ***
    Ay, los niños. Y tu hija tiene también el don de la palabra, una sensibilidad muy, muy especial.

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  3. Ella no lo sabe aún, pero algún día, las palabras también la salvarán.

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