jueves, 26 de febrero de 2015

ZONA CERO


"Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido (...)" 

García Lorca, "Poeta en Nueva York"



Workd Trade Center



24 meses después. Y aún ese pinchazo, ese dolor inconfesable. No es la cicatriz; ni los restos de quimio adheridos aún a mis sueños o a mi piel; ni mi vagina reseca; ni siquiera el miedo, que he aprendido a burlar definitivamente. Es algo más endémico: un vacío, un hueco, un trozo de nada en medio del pecho, un socavón, mi zona cero, como acostumbro a llamarlo. Lo suficientemente inofensivo como para permitir que me levante cada mañana. Lo suficientemente letal como para hacer de mí una superviviente.

Todos tenemos nuestras zonas cero. Lugares de peregrinación obligada. Espacios de encuentro con nuestra propia fragilidad. Vacíos que no es posible reconstruir porque los erigimos valedores de la memoria. A veces, es necesario mirar una y otra vez la misma cicatriz para recordar quiénes somos, para entender, tal vez, nuestra propia vida, para justificar, acaso, cada uno de los precios que con tanto dolor hemos pagado. 



2 comentarios:

  1. He visto unos cuantos elefantes, de Dufy, como ensayos para ilustrar un Bestiario de Apollinaire. Y te veo vencedora sobre él, que te obedece como dócil y domesticada caballería.
    ***
    Madrid está precioso. Y me encanta pasear por la feria del arte, por sus museos...

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  2. Un elefante más para mi colección. Muy especial tu regalo. Anda ya intentando hacerse un hueco entre todos los elefantes de mi habitación.

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