"Ahora ya sé que pasé por tu vida
como pasan los ríos debajo de los puentes (...)
con la trivialidad desdibujada
de las pequeñas cosas que parecen eternas.
Es difícil saber
que la belleza abrupta del vivir cotidiano
tan desinteresada de sí misma
nacida sin clamor ni pretensiones
es en esencia tan mágica y rotunda
que resulta imposible de imitar a propósito"
Raquel Lanseros
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| Monasterio Santa Ana, Jumilla |
Me dueles como una herida sin anestesia. Como la última pieza perdida de un puzle interminable. Como el temblor que produce el vacío de las cosas que creímos eternas.
Te llevas el recuerdo compartido de lo que ya no existe. Las certezas que me asisten solo porque en ti las creo. La casa a la que siempre supe que podría volver. El mapa del tesoro que buscamos juntos durante tantos años.
Me quedo con tus gestos cotidianos que convertían en rito nuestros encuentros: tu forma de mover el café, tus sandalias en invierno, tus silencios cómplices. Me quedo con lo mejor de mi misma, que siempre estará en deuda contigo. Con el misterio de tu ser irreemplazable.
No puedo ocultar que me niego a perder. Que aún no he aprendido a aceptar el orden cambiable de las cosas. Que me asusta sentir que somos prescindibles. Y que ya no me sirve la promesa del recuerdo.
Hace mucho descubrí la conveniencia de colgar, cuando así se siente, el cartel de cerrado, hasta que el cuerpo se acostumbre al dolor de los hilos que a veces tensa la distancia, como el gemido de las jarcias mientras se extienden las velas que anuncian otras tierras.
Buen viaje, Antonio.
Te llevas el recuerdo compartido de lo que ya no existe. Las certezas que me asisten solo porque en ti las creo. La casa a la que siempre supe que podría volver. El mapa del tesoro que buscamos juntos durante tantos años.
Me quedo con tus gestos cotidianos que convertían en rito nuestros encuentros: tu forma de mover el café, tus sandalias en invierno, tus silencios cómplices. Me quedo con lo mejor de mi misma, que siempre estará en deuda contigo. Con el misterio de tu ser irreemplazable.
No puedo ocultar que me niego a perder. Que aún no he aprendido a aceptar el orden cambiable de las cosas. Que me asusta sentir que somos prescindibles. Y que ya no me sirve la promesa del recuerdo.
Hace mucho descubrí la conveniencia de colgar, cuando así se siente, el cartel de cerrado, hasta que el cuerpo se acostumbre al dolor de los hilos que a veces tensa la distancia, como el gemido de las jarcias mientras se extienden las velas que anuncian otras tierras.
Buen viaje, Antonio.

Me gusta tu texto...
ResponderEliminar***
A Raquel Lanseros la conozco. Es un poema precioso el que has elegido.
***
Un beso grande
¿Sabes qué? Este poema de Raquel Lanseros: "Un joven poeta recuerda a su padre" sea quizá uno de los textos más bellos que haya leído nunca. Sin duda, es mi preferido de ella.
ResponderEliminarA veces, no puedo negarlo, siento una envidia, no sé si sana, he de confesarlo, de esta profesora que tiene mi mi misma edad y que podría ser yo misma. A veces pienso: ¿qué se debe de sentir tras haber sido capaz de escribir estas palabras? Y siento emoción, la profunda complicidad del que sabe de la pérdida "de las pequeñas cosas que parecen eternas"