"Pronto tendré que desmontar mi casa
y hacer con estos libros mis maletas.
Dónde acabaremos esta vez
y a qué nuevos dolores habrá que acostumbrarse"
Cristina Morano
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| Laurent Chehere |
Mi casa se convirtió una mañana de diciembre en un lugar extraño que cobraba vida a mis espaladas. Intenté mover muebles para ver si arrastraba la tristeza, pintar habitaciones por si disfrazaba la soledad, sacudir las alfombras con el vano deseo de ahuyentar el miedo. Pero no fue posible aguantar las tropelías de tanto desconocido campando por mi casa como si yo fuese la invitada. Los he soportado durante ocho largos años. Los he alimentado a diario, los he bañado, les he leído cuentos. Conozco de memoria sus amores y sus desamores. Más de una noche la he pasado junto a su cama aguantando los hipidos y los llantos con los que juraban olvidar. Pero, al fin, he firmado mi rendición colgando el letrero de "se vende". La inmobiliaria me sugiere que añadamos: "casa con fantasmas"; me aseguran que hoy día son un buen reclamo. Pero yo no sé qué hacer con ellos después de tanto tiempo. Hay ratos en los que, ya casi a punto de cerrar una de las cajas con los libros de la mudanza, vuelvo la cabeza el tiempo suficiente hasta notar que, de un salto, un buen grupo ha conseguido acomodarse justo al fondo, dispuestos también a no desperdiciar esta nueva y, tal vez, última oportunidad.

Mudanza. La casa patas arriba. Recuerdos y fantasmas que aparecen escondidos en cajones, en los fondos de los armarios, entre los libros...
ResponderEliminarHice montones de mudanza de niña, y las vivía con ilusión inquietante. No por los muebles ni enseres, no por las cosas. Por los niños, los nuevos niños que tendría cerca, los nuevos compañeros de cole, los nuevos vecinos. Nuevos amigos que sustituyeran a los que dejaba y que posiblemente nunca más volviera a saber de ellos. Entonces no había wasap, ni móviles, ni casi teléfonos a nuestro alcance.
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De mayor, he hecho tres. Y tengo periódicamente unas ganas ltremendas de cambiar de casa. Busco anuncios en los periódicos, por internet... Me entretengo con los planos, con el cambio imaginario de muebles, con una limpieza definitiva de tantos cachivaches que se acumulan con los años y que han hecho su sitio casi definitivo.
Yo de niña no he hecho ninguna mudanza. La hice a los trece años y aquello me pareció como perder definitivamente el paraíso de la infancia. Creo que así fue porque cuando ya no puedes regresar a los lugares donde has pasado la infancia es como si con ellos se perdiera para siempre ese trozo de tu vida. Nos mudamos porque por aquel lugar utópico pasó la autovía. Creo que esa es la primera pérdida de la que soy consciente; la pérdida con la que inauguré mi adolescencia.
ResponderEliminarDespués, de mayor he hecho, como tú, tres mudanzas. Pero cada una de esas casas las he vivido como si hubieran de ser definitivas. Esta casa en la que ahora vivo pensé que sería ya la última. La compramos con mucha ilusión: una casa de cuatro dormitorios y cerca del barrio que nos gustaba. Pero tras la muerte de P. esta casa empezó a pesarme. Pese a todo, la hipoteca, los recuerdos, el permiso al juez para la venta fueron siempre razones de peso para disuadirme de la idea de vender. Hasta que, al fin, este verano lo vi claro y tomé la decisión de irme a un piso que tienen mis padres junto al suyo y alquilar esta casa. Es una decisión meditada pero que encierra un poco de miedo y de pena.
Ya estoy en plena vorágine de reformas: que si tiro un tabique, que si puedo colocar el frigorífico en esta posición... Estas pequeñas decisiones ocupan mis días. Dibujo planos ilegibles, distribuyo muebles a mi antojo. Y sí, estoy contigo en que lo que más me costará y lo que más agradeceré es todo lo que dejaré tras de mí en esta casa. Ahora toca empezar de nuevo y me siento muy ilusionada. Ya empiezo a despedirme con ternura de los fantasmas que me han acompañado en esta casa durante los últimos años y me divierto imaginando cómo serán los nuevos.
Seguro que es una decisón acertada! Es la tuya, en este momento. Y es ilusionante pensar dónde poner los muebles, cómo organizar todo el mecanismo de apoyo de la vida diaria. Seguro (también) que tus hijos disfrutan con los cambios y con estar cerca de los abuelos.
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estamos seguros que es para bien, siempre lo es. y si necesitas ayuda?, ¡ con que pongas el café !.
ResponderEliminarIré preparando buenos termos de café, por si acaso.
ResponderEliminarMe encanta, me he sentido tan identificada con esto. Desde la última mudanza decidí vivir con pocas cosas-recuerdos, lo necesario, pensando que así los fantasmas no se acumularían, pero es una batalla perdida, como la del polvo en los muebles.
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