domingo, 27 de septiembre de 2015

ÚLTIMAS VOLUNTADES


"He aquí la vejez (...)
Desear ese morir incorregible y dulce, patrimonio de las
bestias, que se rinden derrotadas sobre el musgo fresco
para convertir su carne en rama, y su sangre en viento"

María Ferreira

Wynn Bullock

Quizá sea cierto que la muerte, como el amor, se reduce a una simple cuestión de voluntad: querer vivir, querer querer. Y cuando se quiebra la voluntad, solo queda una agónica espera hasta que llega el fin. No somos dueños de la vida como no lo somos del amor. Nuestra única moneda de cambio es la voluntad. La suya se quebró el viernes. Tomó unas pastillas y se despidió de ella con un beso. Dos días después quedaban zanjados estos meses de sufrimiento, esta lenta y cruel mengua de sus facultades. No sé si héroe o cobarde, llegó hasta donde le permitió su voluntad; ni un solo paso más.

Después, el lento revivir de la despiadada mecánica de la muerte: el médico que certifica la defunción, la empresa de decesos, los llantos desconsolados... Llegar a casa e intentar explicarle a mis hijos la muerte de su abuelo. Una muerte que convoca a otra y el dolor que se abre paso por antiguos cauces. Más tarde, el tanatorio con sus códigos particulares: los pésames, los recuerdos compartidos, el desgarro que se intensifica a cada visita, el aturdimiento, la amnesia... Y al día siguiente, cada uno a su casa a rumiar su dolor. Aunque solo para ella sobrevivir vuelve a ser, ahora más que nunca, una cuestión de voluntad: la voluntad de querer vivir; la voluntad, pese al dolor, de querer querer. 

Así sea.



5 comentarios:

  1. Uffff¡
    ***
    Qué difícil la situación de esos padres gallegos que han pedido al juez no alargar la muerte de su hija.

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  2. Llevo un buen rato intentando encontrar en Facebook el relato que leí sobre un profesor que situaba a sus alumnos ante la difícil decisión de dejar morir a un ser al que hay que limpiarle la baba constantemente, al que no podemos dejar de atender durante 24 horas al día, incapaz de alimentarse por sí mismo...Todos,sin hacer más preguntas, están convencidos de la conveniencia de dejarlo morir. Solo al final, el profesor desvela un dato crucial: su edad, solo tres meses.
    Me impactó ese final. Siento no haberlo encontrado.
    Nada comparable, por supuesto, a la crudeza de esta situación ¡Qué terrible dolor!

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  3. No hay dos casos, o problemas parecidos, y desconozco los detalles de si el sufrimiento lo es por la enfermedad, o por el tratamiento, pero nadie merece sufrir, por tanto tiempo, aunque en mi caso y puede que no mucha gente sepa esto, tuve un hermano que recién nacido hubo que operar, y colocar unas válvulas, y conectar a unas maquinas, y también se tuvo, que decidir, si dejar conectado, o podría desconectarse y, en este caso podía ( o bien morir, o bien vivir por si mismo, pero con pocas de sus funciones, en uso, las demás tendrían que activarlas, y hacérselas, sus padres) y se optó por esta segunda via, lo cual nos permitió poder tenerle casi nueve años con nosotros, y a pesar de no poder hablar, ni andar, ni otras muchas cosas, si que podía y solía Sonreir, lo cual nos llenaba de alegría, porque eso nos demostraba que sentía, no es que sonriera siempre, el sonreía cuando conocía a quien le hablaba, era su agradecimiento por su dedicación, y por sentirse querido, supongo. Creo pensar que a pesar de los, pocos años, con las maquinas, no habría vivido nada de esto.

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  4. Desconocía ese relato. Desde luego es impactante el final, desvelar la dependencia absoluta que tienen los bebés, cuando todos pensaban que lo mejor era dejarlo morir. Si encuentras al autor, me lo dices.
    ***
    Y qué entrañable que Jarito comparta en este blog sus vivencias de infancia...

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  5. Sí, hay que ser valiente para narrar estos sentimientos que, pese al tiempo que ha pasado, seguro que siguen avivándose con el recuerdo como los rescoldos de un fuego. Experiencias así supongo que cambian tu perspectiva del mundo para siempre.

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