"Cada cuadro guarda misteriosamente toda una vida, una vida con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz. ¿Hacia dónde va esta vida? ¿Hacia dónde busca el alma del artista, si también se entregó en la creación? ¿Qué anuncia?"
kandisky, De lo espiritual en el arte.
Una rápida escapada a Madrid. Apenas veinticuatro horas, el tiempo necesario para visitar dos exposiciones: Kandisky. Una retrospectiva, en el palacio de Cibeles y Realistas de Madrid, en el Thyssen.
Llego tarde a la pintura, como a tantas cosas. A cambio, mi mirada no está contaminada por juicios previos. A veces la formación nos quita esa inocencia virginal con la que nos enfrentamos por primera vez a la belleza y nos cubre de una rígida pátina que ensombrece nuestros juicios. Recuerdo la primera vez que me emocioné ante un lenguaje diferente a la palabra: París y su Venus de Milo. Yo entraba por uno de los pasillos de el Louvre y al fondo, entre nubes de flases la vi, mi cuerpo se estremeció, estrenaba esa sensación que a veces nos provoca el arte. Me quedé ahí, rodeada de gente, contemplando en silencio el misterio.
Después llegó la fascinación por otros códigos a veces difíciles de comprender sin ayuda. Aún me veo en el Reina Sofía, inmóvil ante un cuadro de Mark Rothko, una enorme mancha negra llenaba el lienzo; ningún cartel lo acompañaba; por un momento dudé si aquello formaba parte o no de la exposición. Me reí mucho después imaginando una cámara oculta.
Esta vez tocaba Kandisky. De los espiritualistas rusos, me había acercado ya a Chagall, por el que siento auténtica devoción. Fue fácil conectar con él: se acerca a mi forma de entender el mundo; el pintor poeta. Pero Kandisky era ya un reto superior. Pionero del arte abstracto, precursor de la espiritualidad en el arte, teórico del lenguaje del color y de las figuras geométricas y sus relaciones. Mi concepto de arte figurativo se resquebraja ante tantas formas geométricas. Pero los colores me seducen, se van instalando en mi retina y empiezan a provocar ese efecto más profundo del que él hablaba que causa una vibración del alma. Kandisky sigue resonando en mí ahora que vuelvo a estar lejos de Madrid.
Me encanta tu texto.
ResponderEliminarY sí, creo que es estupendo mirar con la inocencia, sin las contaminaciones de teorías, críticos, estudios... A tu aire y sentimientos.
Me costó muchísimo volver a leer con la pasión de la adolescencia. Tuve que ir despojándome de todo el entramado analítico que fui acumulando durante la carrera.
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Qué bien sientan esas escapadas al arte, a otras calles, a otro ritmo de vida...
¡Qué alegría tenerte por aquí! Sé que no son tiempos fáciles para vosotros, lo veo a diario en la cara de M.
ResponderEliminarAyer leía en Facebook el comentario de S. sobre el cuadro de la Venus del espejo y pensaba que ese sí es un comentario enriquecedor a partir de una pintura. Quizás ahí estribe el término medio entre mi candidez y la vacía elocuencia de otros.
Y sí que entiendo perfectamente lo que me cuentas de la lectura. Un amigo mío decía que si quieres que alguien deje de leer, aconséjale que estudie filología. Quizá no sea tan drástico, pero yo he de reconocer que perdí la pasión por leer después de tantos años de tediosas oposiciones y tardé mucho en recuperarla.
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Siempre nos quedará Madrid
Sí, me gusta recuperar la normalidad de entrar un ratito en este espacio tan tuyo donde siempre encuentro textos que me conmueven, me inquietan, me divierten, me enseñan, me llevan a otras esferas...
ResponderEliminar***
Me encanta Madrid.
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Viajar...