miércoles, 2 de marzo de 2016

PARADOJAS

"Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero"

Santa Teresa 


Reliquia de la Santa


En medio de un silencio acompasado al lento discurrir del tiempo que marca inexorablemente el campanario, contemplo acaso lo que fueron estos años: una sucesión inconexa de capítulos conducidos por un único deseo, la santidad. La vida bullía  ahí fuera pero yo hacía ya varias décadas que había abandonado cualquier aspiración mundana. Entre caminos polvorientos transcurría una existencia que, quizás a ojos del mundo pudiera parecer baldía. De mi larga vida solo quedaban unas poesías que había empezado a escribir desde mi entrada en el noviciado y unos cuantos libros piadosos. Ahora estaba a punto de morir, lo presentía desde que comenzaron las pesadillas y los despertares súbitos empapada en sudor. Eso es cosa del Maligno, decían mis confesores, pero solo yo sabia que la muerte me estaba acechando y apenas si me quedaban unos meses para dar por concluido el relato de mis días. En vano intentaba buscar las palabras exactas: mis pensamientos se abalanzaban unos sobre otros nublando mi entendimiento. Mis manos temblaban más de miedo que de frío. Al fin, apreté la pluma antes de notar cómo mi cuerpo se desplomaba con un ruido seco sobre la mesa. Después, el tacto sobre mi carne de unas manos frías haciendo lo que yo misma había realizado con otras hermanas en tantas ocasiones: la vestidura con el hábito carmelita  tal y como estipula la tradición y toda esa triste sucesión de composturas escatológicas que no merece la pena relatar. Luego, un silencio roto por el ruido hueco de la tierra cayendo sobre el ataúd. Toda la eternidad por delante y ni un atisbo de cielo ni de infierno. Tan solo el zumbido en mis oídos de mi sangre y ese murmullo, que no me permite concentrarme en las oraciones que intento recitar a diario, de los que vienen a llevarse la otra mano, tal vez el pie, acaso, me temo, incluso este obstinado corazón.


2 comentarios:

  1. Santa Teresa es una de mis santas, escritoras, mujeres, preferida.
    Tenía un sentido del humor peculiar y amaba la vida, a pesar de sus deseos de encontrarse con el amado.Era coqueta y divertida. Profunda, capaz de ver el alma de las personas y hasta de dialogar con los muertos. Era una avispada economista. Inteligente. Conversadora amena. Supo lograr su independencia de los hombres, incluso desligarse de confesores que la oprimían, y seguir su instinto libre, tal vez por la fuerza de la santidad.
    ***
    No me extraña su monólogo después de morir, a través de tus palabras...

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  2. Uno de los primeros libros que empecé a leer de pequeña era una biografía en cómic de Santa Teresa; lo recuerdo perfectamente. Me enamoró esta mujer.
    Recientemente, releyendo a Santa Teresa, me interesé por sus reliquias. Me produjo una extraña sensación saber parte de su cuerpo estaba repartido entre Roma, Lisboa, París, España... y que el propio Franco tuvo con él durante toda su vida la mano derecha de la Santa. De ahí a lo de "vivo sin vivir en mí" y lo de "muero porque no muero" hay solo un paso.
    ***
    Por cierto, gracias por estas 40000 visitas. Demostráis ser unos lectores fieles pese a que yo, últimamente, no me prodigue mucho con las palabras. Gracias por vuestra presencia constante, bálsamo ya de todos los riesgos que implica saberse viva.

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