"Y aunque, en realidad, a esas alturas no estaba deprimido por perderla a ella, sino por la cantidad de cosas que había tenido que perder hasta entonces para conservarla, el resultado de la ruptura era que me sentía tan estúpido como todo aquel que apuesta por el mismo número equivocado... durante tres años"
Benjamín Prado, Romper una canción
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| Rodney Smith |
El destino de nuestros viajes no siempre lo decidimos nosotros -quizá también como ocurre con el destino de nuestras vidas- Yo quería ir a Estambul este verano porque desde que visité Marrakech supe que algo de mí latía en aquellas ciudades. Compramos los billetes dos días antes de que se produjeran los atentados. Decidimos esperar pero fue Iberia quien suspendió todos sus vuelos a Estambul. La suerte o el destino quiso que mis pasos se condujesen hacia Praga. Ese será nuestro próximo destino.
Desde ese momento, empecé a pensar en el disco "Vinagre y rosas", en Benjamín Prado, al que habíamos visto este invierno, y en Joaquín Sabina. Cualquiera de las canciones de este disco me sirven para introducir a mis alumnos en la poesía, porque la poesía y la música están tan estrechamente ligadas, les digo, que muchos poemas nacieron para ser cantados. Y les cuento las razones que llevaron a estos dos monstruos a irse a Praga.
Una noche (...) Joaquín se tomó un par de copas para envalentonarse, me llevó a un rincón y me dijo: "Mira, Benja, te voy a proponer algo. Yo vivo en una felicidad doméstica de la que es imposible sacar un verso, pero tú estás hecho polvo, y eso es una mina. Te propongo aprovecharme de tus desgracias y que nos vayamos por ahí a escribir canciones contra tu ex novia (...) Nos fijamos la salida hacia Praga, que es el lugar que mejor nos había sonado"
La historia del disco, pues, es la historia de un olvido; la poesía, la música, la pintura se convierten así en herramientas poderosas para sobrevivirnos a nosotros mismos, para soplar dentro de nuestro dolor y, como hacen los artesanos con el vidrio, convertirlo en algo bello. Solo así acierto a explicarles que la belleza puede cambiar nuestro mundo.

Permíteme que te cuente, Carmen. Adoro Praga, su mugre y su luz gris, la plaza de Wenceslao y el Puente de Carlos, como dice Sabina. Mucha. La Vieja Europa de Kafka. Seguro que el azar se ha puesto de vuestra parte.
ResponderEliminarBuen fin de semana.
P.d. No tengo psoriasis, jijiji.
Pues eso, Sabina (disculpa, no he podido/sabido adjuntar de otra forma el vídeo, pero si lo copias y pegas en la barrita de "mister google", se ve)
ResponderEliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=55nwLIgOtSs
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eliminar¡Increíble! Esta mañana me he levantado temprano para continuar con la lectura de "Romper una canción" -se me había cruzado por medio el libro que me recomendaste, que hasta que no lo terminé, no paré; me contengo con la segunda parte- y había decidido cambiar la canción y colgar la de Praga, que hacía más honor al contenido. Y, de repente, te leo y ahí esta tu enlace, como leyéndome el pensamiento, ja, ja
ResponderEliminar***
Ya lo decía yo, que soy optimista por naturaleza, que aquello tuyo no podía tener un nombre tan horrible je, je
Pensándolo bien, Almu, no soy optimista por naturaleza sino por vocación.
ResponderEliminarMe gusta más así. Buen domingo.
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