A Ramón
"Y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros."
Federico García Lorca, "Ciudad sin sueño"
"Y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros."
Federico García Lorca, "Ciudad sin sueño"
El cementerio de Aguamarga es de visita obligada, como nos dijo nuestro amigo Ramón. No aparece en las guías turísticas, quizá por el miedo cerval que nos produce hablar de la muerte; o tal vez porque las generaciones jóvenes, que ya no visitan los cementerios, quieran librar a los que les sobrevivan del castigo de cuidarlos después de muertos. Así, las cenizas tan etéreas se convierten en una opción más aséptica que las flores mustias de los cementerios.
Un camino ascendente de trazado sinuoso conduce hasta el cementerio de Aguamarga. Desde allí sus muertos escuchan el rumor del mar. Es un cementerio pequeño, data de 1936 y sus ocupantes, tan variopintos, da la impresión de que conviven en paz. Quizá sea cierto, como decía mi abuelo, que los muertos cuentan historias más interesantes que los vivos.
Un camino ascendente de trazado sinuoso conduce hasta el cementerio de Aguamarga. Desde allí sus muertos escuchan el rumor del mar. Es un cementerio pequeño, data de 1936 y sus ocupantes, tan variopintos, da la impresión de que conviven en paz. Quizá sea cierto, como decía mi abuelo, que los muertos cuentan historias más interesantes que los vivos.
El de Aguamarga nos habla del mar. Imágenes con el azul impreso sobre el granito y fotos que dan cuenta de este pueblo fascinado por el agua; no en vano su nombre procede del árabe "Al-hawan", que significa localización de agua. Otras inscripciones nos relatan muertes tempranas arrebatadas por las olas, como la de la abuela que cuenta cómo su nieto pierde la vida con veintidós años tras alquilar una zodiac. De las costumbres rurales hace gala la foto del padre en su silla de anea trabajando el esparto. Y sobre todo, de la peculiar idiosincrasia del pueblo nos hablan los apellidos ingleses y alemanes pintados con dibujos de alegres colores sobre el propio yeso del nicho.
Pero la historia más fascinante es la de esta pareja, que he querido dejar para el final. Ella, Aurora Merlini, que posa con su pareja Giancarlo Pizzi en esa instantánea que parece querer capturarlos en mitad de la feliz rutina de su vida cotidiana. Sus rostros enamorados, en bañador, ajenos por completo a la llamada de la muerte contrastan con el mármol frío del cementerio. Se llevaban una diferencia de ocho años, aunque a juzgar por la foto ella aparenta muchos menos. Fallece Aurora la primera en contra de la lógica matemática, con solo sesenta y nueve años y Giancarlo la sobrevive apenas dos años. Nada más se dice de ellos, salvo el texto en italiano "Sempre nei nostri cuori". No sé vosotros, pero en mi cabeza empieza ya a forjarse su historia, dudo si cercana a la realidad. Pero no es menos cierto que esta es otra forma de seguir vivos, aunque solo sea en la imaginación del visitante que con sumo respeto detiene en ellos por un instante su mirada.
D.E.P
Pero la historia más fascinante es la de esta pareja, que he querido dejar para el final. Ella, Aurora Merlini, que posa con su pareja Giancarlo Pizzi en esa instantánea que parece querer capturarlos en mitad de la feliz rutina de su vida cotidiana. Sus rostros enamorados, en bañador, ajenos por completo a la llamada de la muerte contrastan con el mármol frío del cementerio. Se llevaban una diferencia de ocho años, aunque a juzgar por la foto ella aparenta muchos menos. Fallece Aurora la primera en contra de la lógica matemática, con solo sesenta y nueve años y Giancarlo la sobrevive apenas dos años. Nada más se dice de ellos, salvo el texto en italiano "Sempre nei nostri cuori". No sé vosotros, pero en mi cabeza empieza ya a forjarse su historia, dudo si cercana a la realidad. Pero no es menos cierto que esta es otra forma de seguir vivos, aunque solo sea en la imaginación del visitante que con sumo respeto detiene en ellos por un instante su mirada.
D.E.P


¡Qué curiosidades tan bonitas! Estaba esperándote, a ver qué nos contabas de tu viajecito a orillas del Mediterráneo, y fíjate, no dejas de inspirarme y conmoverme... Tomo nota de esta recomendación; efectivamente, este lugar no aparece en las guías, lo cual lo convierte todavía en más sagrado...
ResponderEliminarP.d. No te lo vas a creer, ( o sí); yo también tengo una historia de muertos.
Besicos.
Me encantó esta escapada. Seguimos tus indicaciones y descubrimos algunas calas que no habíamos visitado. Te mandaré una divertida foto delante de la caseta del faro para que te recuerde viejos tiempos. Supongo que el gran descubrimiento ha sido Aguamarga, un lugar en el que no me importaría perderme algún invierno.
ResponderEliminar***
Estoy deseando que nos cuentes esa historia. Y sí, viniendo de tí sí me lo creo ja,ja
Hola Carmen. El turismo empezó en Aguamarga a finales de los 60. Un apunte, Teo cabestrero, ya fallecido, vino a cubrir la noticia de la bomba dePalomares, buscando lugares cercanos, encontró Aguamarga y ya nunca más dejó de volver. El trajo Rafael Lorente Pontremuli, diplomático, miembro de toda causa humanitaria y escritor. Ellos fueron la semilla del turismo. Empezaron viniendo familias de parisinos y milanes. Gente acaudalada, pasaban todo el verano en sus chalets del margen derecho del pueblo. Todos han pasado por la cocina de mi abuela. Esa es otra historia. Ella freia berenjenas y no llegaban al plato. Un amigo italiano del de la lápida decia " están caldas Lola".
ResponderEliminarMuchos de ellos han pasado su última etapa aquí y han decidido ser enterados en Ahuamarga o ser esparcidas sus cenizas en el mar. Todos los he conocido, los jovenes también. Era hijo de un amigo, aquello fue horrible. Mi padre está alli. Un beso
Ramón, ahora entiendo tu pasión por Aguamarga. Pensé que era simplemente un lugar de vacaciones, pero veo que es mucho más, sobre todo porque me cuentas que tu padre está allí. De alguna manera somos de donde están nuestros muertos.
ResponderEliminarMe encanta la historia de tu abuela, esa nos la debes, con una cerveza de por medio. Y me emociona saber que la pareja de italianos eran conocidos de la familia, de modo que podré ver si todo lo que he fabulado con ellos responde a la realidad.
Gracias, Ramón, por abrirnos las puertas de tu casa. Quizás eso haya influido en mi percepción de Aguamarga, no me he sentido extranjera, no estaba en un hotel... Tu casa tiene algo especial y se percibe.
Gracias una vez más por este regalo. Es un magnífico sitio para vivir una larga temporada.
Ahora leo este texto, después de escribir un pequeño apunte al poema de mis cosas.
ResponderEliminarEl poema me ha llegado al corazón.
***
Me gusta visitar los cementerios...
Y también imagino historias. No digamos leyendo las esquelas... Las del ABC son novelas auténticas, que llegó a recortar y guardar.
Iré al cementerio de Aguamarga
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