miércoles, 18 de mayo de 2016

PEQUEÑOS INFIERNOS

"El infierno de los vivos no es algo que será. Ya existe aquí: lo habitamos todos los días; lo conformamos todos juntos. Dos formas hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige (...) buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y darle espacio, y hacerlo durar mientras vivamos"

Italo Calvino.


Unknown



Ningún apodo habría podido ser más atinado que el de "Culebrina". Recuerdo con nitidez que fue Salvador el que tan acertadamente lo coló en medio de la conversación del desayuno. Desde ese día, sus continuos culebreos eran tema asegurado en el reducido espacio de nuestro microcosmos. Un departamento de profesores puede convertirse en una representación a escala de todas las miserias y las bondades de la humanidad. Cada cual que se apunte al bando en el que quiera servir. El mío es, más por naturaleza que por vocación, el bando de la bondad, una bondad rayana a veces en la candidez. Un recién llegado como Salvador no tardó ni diez minutos en hacernos una radiografía, de esas que transparentan hasta los pecados. El pecado de Culebrina era una amalgama de perfidia camuflada tras un aspecto bobalicón que le valió la llave y el asiento de más de un despacho. Su lentitud añadida a su sangre fría la convertían en un peligroso depredador, pero necesitamos asistir a muchos errores de cálculo que dejaron al descubierto el sonido sibilante de su crótalo para que aprendiéramos a defendernos. Afilamos las lenguas y los lápices, las únicas armas de unos pobres profesores, pero como dicen que no hay mejor ataque que una huida a tiempo, fui yo la que decidió salir motu proprio por la misma puerta que ella no tuvo el valor de atravesar. Dejé sobre la mesa una burda nota de despedida y los abandoné a su suerte como un cobarde que huye del infierno. Aún hoy me pregunto si hice bien.


5 comentarios:

  1. Afortunadamente, "el infierno son los otros", Carmen. En esto sé que somos valiosas, y hemos sobrevivido a él; aun así, también sufrimos contraindicaciones. Quiero que hablemos más tendido de esto.
    Buenas noches preciosa.

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  2. Por cierto, qué acertada la foto...

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  3. Como buena culebra arrastra su cargante perfidia hacia departamentos en los que captar adeptos a su equívoca belleza. Nada por dentro, nada por fuera; pero solo los bienaventurados valientes que no quieran una venda en los ojos se atreven a vislumbrar en ella su auténtica alma podrida. En fin, un ser aburrido y vacío que se alimenta, atiéndeme bien, Carmen, de la atención que se le presta. Así que el antídoto para su picadura no es ni más ni menos que la indiferencia, en la medida de lo posible, claro. No la hagas singular, deja que sea plural... es a lo que está acostumbrada fuera de ese muro que te rodea llamado departamento. Es lo único que fastidia a un ser tan presuntuoso. Un beso y cuídate.

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  4. Verás, no hay una sola "Culebrina", pese a que creamos verla personificada a nuestro alrededor más veces de lo que quisiéramos. Me gusta pensar que cualquier grupo, especialmente los de trabajo, representa de forma simplificada un microcosmos en el que los integrantes actúan movidos por razones que no siempre son altruistas.Este caldo de cultivo es idóneo para la ficción.
    La misma obra de Clarín, "La Regenta", en el momento de su publicación, como bien sabes, le procuró muchos ratos de entretenimiento a los ovetenses al intentar encontrar el trasunto de cada personaje en su entorno más inmediato. Para nosotros que conocemos los entresijos de nuestro día a día puede ser eso, otro entretenimiento pasajero ver quién se esconde detrás de "Culebrina". Aunque he de decir que quizá todos tengamos algo de ella cada vez que actuamos por razones que nada tienen que ver con los derechos y las necesidades de nuestros alumnos. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
    No obstante, coincido contigo en que no me gustan las culebras y que suelo intentar mantenerme lejos de su radio de acción.
    Un beso grande.

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