"A veces tengo la sensación de que uno se mueve en la vida dando siempre vueltas por los mismos lugares, como en un desconcertante Juego de la Oca"
Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte.
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| Imagen tomada del artículo: El simbolismo en el Juego de la Oca (viajesconmitia.com) |
Supe desde el principio que aquello era algo más que un juego, aunque tardé mucho en vislumbrar el auténtico sentido escondido tras esa simbólica espiral.
En la casilla de salida, llevada por el afán de llegar antes que los otros, no fui capaz de ver más que una carrera hacia la meta, en lucha constante con el oponente. Solo tras las primeras jugadas, supe que se trataba, sobre todo, de una lucha individual contra los obstáculos que iríamos encontrando en el recorrido del tablero; hasta un total de siete acerté a contar entre las casillas que constituyen las “venturas” y “desventuras” del juego: el Puente, la Posada, los Dados, el Pozo, el Laberinto, la Cárcel y la Muerte. Caer en uno u otro dependía exclusivamente del número que sacaran nuestros dados; y ahí radicaba el auténtico conflicto: la voluntad del jugador frente al destino o la suerte.
Probé nuestra suerte, lancé los dados y salió 7, y el mundo empezó a desmoronarse a nuestros pies. Apenas si tuve tiempo de reaccionar: un agujero negro se abrió ante nosotros cuando nos vimos en la casilla 58. Supe entonces que en el Juego de la Oca la casilla de la Muerte actúa separando a los jugadores que hasta entonces han seguido el mismo itinerario en dos caminos distintos; uno que conduce definitivamente hacia la meta, y el otro que reconduce al inicio del recorrido, de modo que el jugador que cae en la casilla 58, vuelve a empezar el juego.
Y volvimos a empezar, y contemplar cómo nuestros contrincantes seguían avanzando impasibles hacia la meta final nos encerró en un laberinto inaccesible; el juego permanecía inalterable, ajeno a nuestra suerte. Pensasteis que éramos los únicos, tal vez los primeros en tropezar con esa casilla. Nos supimos estigmatizados, alejados definitivamente de la salida del laberinto. Pero, saberme responsable de vuestra suerte -al fin y al cabo, yo era vuestra madre, y no otra era la que lanzaba el dado- me dio la fuerza necesaria para cambiar nuestro destino. Por encima de la obligación de volver a empezar, se abría paso la posibilidad de cambiar nuestra historia.
Exactamente cinco años más tarde, caímos en la casilla de la cárcel y fuimos castigados a perder tres turnos. Confié en que, algún día, nos fueran devueltos y, esta vez sí, comprendí que en nuestra voluntad reside nuestro destino. Y la mía no era otra que la de seguir viviendo ajena para siempre a las reglas o al destino.

Sí, creo que cada existencia se podría explicar con el juego de la Oca.
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¡Cuántas historias, creencias, ritos, mensajes ocultos, viajes esotéricos, misticismos y hasta problemas matemáticos y solares alrededor del juego de la Oca!
Y con qué inocencia jugábamos en la infancia a tirar el dado y mover la ficha...
(Ahora vuelvo a jugar con mis nietos)
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Siempre me ha resultado curioso que Mamá Oca sea la madre de todos los cuentos. ¿Tendrá algo que ver con el juego?
Empecé a interesarme por este juego el año que leí "Mensaje cifrado" de Marta Zafrilla. Me consta que la conoces y que has organizado distintas actividades de animación a la lectura teniéndola como invitada. Esa es una de las cosas que más he echado de menos estos años del Juan Carlos: la biblioteca y la impronta tan particular que conseguiste darle. Eran especiales los días que traías a los escritores. No he vuelto a tener esa sensación.
ResponderEliminarMarta Zafrilla ha estado un par de veces en el instituto. Es un encanto. Me gustó su "Mensaje cifrado" (se lo presenté en el Museo Ramón Gaya) y me gustan sus poemas, su blog, los últimos cuentos que ha publicado para niños más pequeños.
ResponderEliminarCreo que los alumnos deben conocer a los escritores de su tiempo, a escritores "vivos" (algunos creen , de verdad, que el hecho de ser escritor ya conlleva la muerte: persona muerta que escribió libros).
"¿Como puedes ser escritor si estás vivo?" le preguntó un alumno de 12 años a un novelista.
Tal vez mañana vengan ella y Rubén a casa, a merendar y a traerme una recomendación que les he pedido para un joven escritor. ¿Le has dado clase a Emilio José Serrano Loba? Quiere pedir una beca en la Fundación Antonio Gala y necesita "informes" que apoyen su proyecto.
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¡Gracias por valorar las actividades de la Biblioteca!