sábado, 6 de abril de 2013

LIBRO DE VIAJE: TRANSFUSIONES, VIDAS CRUZADAS





Hasta en los paisajes más inhóspitos la vida se reinventa de manera obstinada y cruel. No siempre acertamos a comprender el papel que desempeñamos en ese escenario, pero cuando conseguimos colocar la pieza, el resultado es siempre asombroso.

Nos veríamos obligadas a compartir los siguientes días en ese vagón de tren. Durante horas, solo me preocupé por encontrar tras la ventanilla algún cártel que me indicara hacia dónde nos dirigíamos. No encontré ninguna señal legible y el desánimo y el miedo comenzaron a acampar a sus anchas. 

Escuché en primer lugar el diagnóstico completo de su dolencia. Me sorprendió comprobar cómo las estadísticas a veces fallan: ella no debería estar allí, no era fumadora, nunca lo había sido, y en cambio su pulmón era como el que anuncian las cajetillas de tabaco. Pero, la auténtica confesión llegó tras escuchar que ambas necesitábamos una trasfusión de sangre; el miedo de la primera vez, que también compartíamos, fue aumentando el grado de confidencia y así fue como escuche también el relato de su vida.

 Me enamoré de él a los 14 años y a los 18 me casé. ¡Qué miedo me da que me metan sangre de otra persona! ¿Quién será? Y a los 19 años tuve mi primer hijo ¡Qué sensación tan repugnante! La estoy viendo caer gota a gota, yo que ni siquiera miro cuando me extraen la sangre. Para mí no hay nada comparable con el primer amor. Espero que sea una persona alegre mi donante. Aunque, para ser donante seguro que hay que ser alguien, como poco, solidario. Con 38 años me quedé viuda y con 3 hijos. "Siempre la sangre  oh Dios, fue colorada". Años después, me casé con mi actual marido y tuve mi cuarto hijo con él. Es muy buena persona. Perdí mi pensión de viudedad para casarse como dios manda. No sé cómo me voy a sentir mañana con la sangre de otro. La vida no es fácil para nadie. Mi hija se quedó viuda con 23 años y con una hija de cuatro, eso sí me destrozó, durante años no pude mirarle esa cara. Después de todo, no será tan malo llevar sangre de otro en las venas.

Aquel era un vagón casi fantasma. Estaba anclado en una vía muerta, o al menos, así me lo pareció a mí. Aún tardaría tiempo en descubrir que no hay vías muertas, ni siquiera las que atraviesan los lugares más desoladores. 


2 comentarios:

  1. Miras a tu alrededor y siempre hay alguien que ha tenido un camino mucho más dificultoso que el tuyo.
    ***
    Te mando muchas fuerzas positivas para tus días de hospital. Y una vivencia que me ha venido a la memoria al leer tu relato de vidas cruzadas. (Podría ser una futura novela)
    Me he acordado de una mujer que llevaba un restaurante pequeño, donde comían los albañiles de la zona, por la carretera de Churra. Se puso, no sé las razones, a hablar conmigo un día que fui a comer con unas profesoras alemanas (la conocían). Las dos, casualidades de la vida, habíamos nacido el mismo día del mismo año. Ella, en una pedanía de Murcia. No fue al colegio en su infancia. Y sí cuidó a sus hermanos pequeños, tan numerosos como los míos. Con 16 años tuvo una hija de un hombre celoso y maltratador. Con 18 se fue con él a Alemania, casada por la iglesia, con una maleta de cartón y unos bocadillos. Nunca volvió a ver su madre. Nunca aprendió alemán, pero sí a leer y algo de cuentas en una escuela nocturna, española, donde se reunía con otros españoles. A los treinta y tantos se separó del marido, harta de los golpes y los moratones. Y después se fue a vivir con un alemán, mayor que ella 25 años. Muy bueno, un santo, que ahora tenía principios de Alzheimer y vivía en Lo Pagán. Tuvo otro hijo con él, adolescente aquel día que me contó su historia, estudiante de bachillerato en el Alfonso X. Su esperanza. Trabajó mucho, muchísimo. Le encantaba bailar flamenco, y aparecía en fotos (colgadas detrás de la barra) vestida de gitana, como una actriz, el pelo rubio tirante, recogido en un moño y maquillada con exageración. Daba clases en Alemania, y actuaba en algunos cafés. Ahorró para poner aquí una casa de comidas. Y logró hacerlo. Y siguió trabajando mucho, y bregando con los albañiles, que intentaban medio en broma medio en serio pellizcarle el culo... No sé qué será de ella, porque el restaurante ya no está.
    Se la veía feliz y dicharachera.
    ***
    Mi vida fue por otros derroteros, mucho más fáciles.
    ***
    Me ha enternecido lo que dice el personaje: "Espero que sea una persona alegre mi donante"

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu apasionante historia. Nuestros relatos me recuerdan un libro que leí de adolescente "Uno" de Richard Bach. ¿Qué pasaría si pudiéramos encontrarnos con nosotros mismos en otro espacio y tiempo diferentes fruto de elecciones que no hicimos en el pasado? ¿Cómo sería por ejemplo mi vida de no haber decidido estudiar filología? ¿Qué tipo de vida llevaría si no me hubiera casado? ¿Y si no hubiera tenido hijos? ¿Te imaginas la posibilidad de encontrarte con cada una de esas personas que no son más que tú mismo en otras vidas diferentes? Es inquietante. Me viene a la memoria otro libro de mi adolescencia del que solo recuerdo el título "Justo a mí me tocó ser yo". Sumergirse en estos pensamientos me lleva a lugares y tiempos diferentes a este.

    ResponderEliminar