-Bienvenido...
-Adelante...
-El mes pasado lo echamos de menos...
-Disculpe, su nombre no está en la lista de invitados, ¿sería tan amable de indicarnos su correo electrónico para remitirle la invitación del próximo encuentro?
-Me llena de satisfacción comprobar que un mes más todos habéis sido fieles a esta cita; incluso veo caras nuevas. Sé que mi fama de anfitriona benevolente empieza a difundirse por los círculos más selectos de vuestra profesión. Os invito, una vez más, a que consideréis este como vuestro hogar durante el tiempo que estiméis oportuno permanecer conmigo. Pero, os rogaría solo una cosa, especialmente a los nuevos: al abandonar la casa, no cedáis a la tentación de llevaros un objeto de recuerdo, por insignificante que parezca; llevo meses soportando con estoicismo vuestros pequeños hurtos y temo que un día, al acudir presurosos a nuestra cita de los 21 días, no encontréis más que estas cuatro paredes desnudas de las que colgará la siguiente nota:
"pasad y ocupad la casa, es toda vuestra; por fin el banco aceptó la dación en pago"

Esta noche no tengo palabras.
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Por eso, un poema de César Vallejo, con una pizca de humor:
Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.