domingo, 19 de mayo de 2013

LIBRO DE VIAJE: LA ESPERA







Sabe esperar, aguarda que la marea fluya 
-así en la costa un barco- sin que al partir te inquiete. 
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; 
porque la vida es larga y el arte es un juguete. 
Y si la vida es corta 
y no llega la mar a tu galera, 
aguarda sin partir y siempre espera, 
que el arte es largo y, además, no importa. 

Antonio Machado, "Consejo"



Habían anunciado tormentas. Observaba atenta los signos que confirmaran su llegada, pero por ningún sitio veía vacas embistiéndose unas con otras, ni arañas escondiéndose de sus telas, ni cuervos que volaran en ruidosas bandadas, lo que me permitía mantener un estado de calma relativa. Confiaba, una vez más, que esta vez los efectos de la tormenta no fuesen tan devastadores y  ajena a los pronósticos, consumía los que serían mis últimas horas de libertad. 


Pero hoy, al amanecer, un olor intenso me ha sacado de la cama y me ha asaltado la imagen de las oscuras nubes que se avecinan  y el ruido de los árboles que vibran con una intensidad desacostumbrada. Y una vez más he comenzado lenta y cuidadosamente los preparativos: he cerrado las cancelas, he forzado los goznes de las contraventanas siempre abiertas a la luz, he situado estratégicamente los burletes para impedir que pase el aire, y me he sentado a esperar. Este es siempre el peor momento: las horas se van haciendo lentas y nada consigue distraer mi atención de los sonidos que afuera anuncian la llegada inminente de la tormenta. La soledad va poco a poco invadiendo mi espacio y entro progresivamente en un tiempo en el que nada sucede, en el que quedo frente a mí misma, sin ninguna distracción ni asidero, en un forzoso estado de reclusión del que ya no lucho por salir. 

Pero, de una forma milagrosa, acabo sobreviviendo una y otra vez al temporal. Y pese al dolor y a la humillación que a veces acarrea el miedo, me sé favorecida por los dioses que me permiten salir inmune de esta aventura hacia esa parte insondable de mí misma que sin el revés de la enfermedad no habría conseguido franquear.


2 comentarios:

  1. Una noche más salgo a buscar tu página. Y aquí está, puntual, una página del diario de este viaje que compartes con nosotros.
    ***
    Ahhh, las tormentas. Las físicas y las metafísicas.¡Qué miedo y qué bellas las primeras en sus luces rápidas y en esos estruendos espantosos del cielo!
    Recuerdo una tormenta sobrenatural un verano en Los Pirineos: los truenos se multiplicaban en el eco de las montañas y no cesaban nunca. No sabías ya cuál era el trueno real y cuáles los reflejados. ¡Qué miedo!
    Estábamos en una tienda de campaña que resistía el aguacero. Pero qué inquietud. Nos fuimos al coche, y de madrugada, bajamos casi a tientas al pueblo más cercano buscando las paredes sólidas de un hotel.
    Al día siguiente subimos a recoger la tienda que lucía naranja y seca al sol de agosto.
    ***
    Ya el envite furioso de la quimio te coge preparada en todos los sentidos. Has cuidado minuciosamente todo para resistirlo. Tienes experiencias acumuladas. Y lograrás vencer y salir como la Venus de Botticelli.
    No te he comentado nada sobre el re-nacimiento de tu pelo. ¿Lo notas salir? ¿Duele?
    Un beso y buenas noches.








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  2. ¡Mi pelo! Es tan divertido. Me está creciendo una suave pelusilla como la de los bebés. Cuando, algunas noches el insomnio me impide dormir, paso la mano por mi cabeza y ese sencillo gesto me trasporta casi hasta las sensaciones de la infancia, y así la calma llega, lenta y consoladora. Dicen que después de la quimio el pelo puede volver a crecer incluso de otro color. El mío de momento es negro, pero aún me pregunto si recobraré los rizos de la infancia. En este lento proceso de los últimos meses creo que cada vez voy conectando más con la segura fragilidad y el indolente desvalimiento de la infancia,

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