domingo, 11 de octubre de 2015

DOS POR UNO


"Llueve. 
La vida huye y nos deja
la eterna soledad de las estatuas"

M. Sánchez Robles, "Treinta maneras de mirar la lluvia"




Hoy necesitaba pensar. Habría preferido un paseo por el monte pero los telediarios llevaban varios días  amenazando con lluvias. Por el miedo al agua o tal vez a la soledad, he preferido perderme entre escaparates que anuncian las tendencias de temporada. Mis manos han examinado el tacto de la lana que parece envolvernos un invierno más, mientras mi cabeza vagaba a kilómetros de las voces que gritan por megafonía la oferta del día. Desde fuera, creo que parecía un náufrago boqueando por encontrar una orilla en la que arribar. Ni siquiera la sección de librería, que siempre calma mis zozobras, ha conseguido poner un poco de orden en mis deslavazados propósitos. 

A la entrada de cada tienda he ido tropezando con rostros más desvalidos que el mío, detenidos ante maniquíes a los que parecían interrogar con la mirada; ávidos de escuchar, aunque fuera la monocorde voz de la cajera que se despide con una sonrisa demasiado forzada. Es la misma soledad que en vano intentan ocultar los cartones de los bingos. La que cae tras las monedas de las máquinas tragaperras. La que traspasa la línea de ciertos teléfonos siempre apagados o fuera de cobertura. La del que come solo en mesas para dos. Porque quizá sea cierto que, en contra de todo pronóstico, con esto de la soledad, las cuentas nunca salen y algunos días que amenazan lluvia duelen las vidas de los que, confundidos por el neón, pagaron dos y llevaron uno. 


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