martes, 8 de noviembre de 2016

¿Y TÚ DE QUIÉN ERES?

"Y tú de quien eres ?
De Marujita (...)

Y tú de quien eres ?
Y yo ya, no sé 
ni de quien soy"

No me pises que llevo chanclas.



Vivimos tiempos extraños, si cabe, mucho más en el ámbito de la educación, que es el que a mí me toca más de cerca. La última reforma educativa, la tan denostada LOMCE, una más de las muchas que ya soportamos en las últimas décadas, deja al profesorado maltrecho ante la avalancha de programaciones e informes que se nos exigen, además de los inoperantes sistemas de evaluación que, en asignaturas como Lengua, supondrían evaluar tantos estándares que apenas podríamos dedicarnos a otros menesteres. A esta situación, de la que nos venimos quejando ya desde que esta ley se implantó, aprisa y sin el respaldo de la comunidad educativa, se une este curso la extraña situación en la que quedan los alumnos repetidores de 2º de bachillerato.

Mis alumnos de 2º que están repitiendo pertenecen a un plan ya extinto: el plan LOE pero, hasta ahora, han asistido a mi clase de Lengua, organizada según el modelo LOMCE. En principio, podría quedar todo reducido a una cuestión de siglas pero, me temo, el embrollo va mucho más allá. La consejería les ofrece a estos alumnos la posibilidad de ser evaluados según un modelo u otro. Si se acogen al modelo LOMCE, tendrán que estudiar un programa que, en muchos aspectos, difiere del anterior y tendrán que examinarse de la reválida. Si se acogen al modelo LOE, podrán optar a un examen en junio acorde con el programa que ellos cursaron. Excepcionalmente, el departamento les ofrece la posibilidad de parcelar la materia en dos o tres pruebas, con el consiguiente compromiso de asistir a mi clase. Pero, al mismo tiempo, los profesores que este año impartimos 2º de bachillerato podríamos negarnos a acoger a estos alumnos en nuestra aula ya que, en principio, no serían nuestros -la tentación es grande, créanme, cuando tenemos cuarenta alumnos en el aula-. A esto, hay que añadir que la consejería premia a estos alumnos repetidores eximiéndoles de la obligación de hacer la PAU, que era la prueba utilizada por las universidades para delimitar las notas de corte. Tampoco tendrán que hacer, por supuesto, la reválida. Accederán a la universidad con la media del expediente mondo y lirondo.

¿Buena o mala suerte? se preguntarán ustedes. Yo aún no lo sé. Pero lo que sí preveo es el irreversible daño que esta situación provocará en el alumnado y en el profesorado, aunados por una vez en el mismo bando: el de los damnificados. ¿Cuántas horas en la consulta del siquiatra nos llevará a unos y a otros responder a esa pregunta tan crucial que ya desde los "No me pises que llevo chanclas" nos venimos planteando: ¿y tú de quién eres? Ellos aún no lo saben y lo peor es que yo, tampoco. Mis cuarenta alumnos, número ya de por sí inabarcable, aún se desvanecen mucho más en la grisura del anonimato al andar muchos de ellos en esa tierra de nadie, a mitad de camino entre la LOE Y la LOMCE. ¿Y tú de quién eres? me sigo preguntando cada día cuando entro en el aula, cargada, pese a todo, de una confianza absoluta en ellos que, a pesar de las reformas y los reformadores, son nuestro futuro.


2 comentarios:

  1. Madre mía, qué embrollo!
    Desde luego las épocas de crisis tienen un presente inquietante. Es absurdo todo, cuando lo realmente importante se olvida.
    Tú lo harás bien, a pesar de las tentaciones y de los 40 alumnos en el aula. Esas cifras llevan a un pasado del que salimos hace años... El péndulo no encuentra el equilibrio... Ufff

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  2. ¡Qué tristeza, Aurora!
    ¡Qué responsabilidad!

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