"En las luchas y estratagemas que Ulises ha de llevar a cabo para salir sin percance de cada una sus aventuras, se echa de ver que el miedo que tiene Ulises es un miedo a la muerte; es, simplemente, el miedo a perder la vida (...) Pero el terror que sobrecoge a Ulises cuando llega a Ítaca es superior y más humano. Es el pánico al fracaso, a perder aquello que ya se tiene, y que el hombre no puede dejar de perder sin perder su condición humana. Lo que de verdad teme Ulises es perder su hogar y seguir errando sin rumbo. Tiene miedo a comenzar una nueva Odisea sin Ítaca, a convertirse en una sombra errante. Tiene miedo, en fin, a perder lo que hasta entonces había dotado de sentido su odisea. Si Ulises no se encuentra con su origen, tampoco podrá encontrar su meta, y su viaje no tendrá fin. Y su vida, al mismo tiempo, habrá carecido de sentido"
Aún queda un año para que me den el alta y pase a formar parte oficialmente de ese porcentaje que en las estadísticas ocupan las supervivientes de cáncer de mama. Durante esos primeros cinco años es donde se produce el mayor número de recidivas; quizá sea esta la razón de que se establezca el quinto como límite. Estoy, pues, al final del camino.
Si tuviera que hacer balance de este tiempo, ahora que se acerca nochevieja y muchos caemos en la terrible tentación de los balances, tendría que decir que los peores son el primer y el último año. Ese primer año en que escuchas por primera vez tu diagnóstico y le haces frente a una serie de tratamientos tan invasivos que casi llegas a pensar que no sobrevivirás a ellos. Ese es un año de pérdidas, profundas pérdidas que quedan tatuadas para siempre en tu historia vital. Afortunadamente, ya sabemos mucho de esta etapa porque cada vez hay más mujeres valientes que dan testimonio de esta titánica lucha.
A partir de ese primer año todo se convierte en un camino de ascenso: recuperas poco a poco tu imagen y borras los últimos rastros de la enfermedad. El cáncer pasa a convertirse en un tema de conversación ocasional, casi anecdótico, del que hablas con aparente distancia. Valoras más la vida y aspectos de ella que antes te resultaban anodinos se convierten en esenciales y vuelves a ser feliz; o, al menos, eso dices.
Aunque, quizá algo de mentira hay en esta imagen que proyectas. Quizá dé vergüenza confesar que ahora que se ha acabado la batalla, te sientes perdida entre los vivos, sin saber muy bien contra qué enemigo luchar, qué empresa abordar que dote de sentido a este tiempo que es casi como la prórroga de un partido que crees estar desaprovechando. Después de todo, pasaste por la experiencia del cáncer sin realizar el viaje de tu vida; sin ponerte en paz con ciertas deudas del pasado; sin volverte a casar o tener otro hijo; sin ni siquiera escribir un libro. Después de todo, el héroe se vuelve anónimo y regresa a la vida cotidiana. Ulises vuelve a Ítaca disfrazado de mendigo y solo su perro fiel lo reconoce. Quizá yo, como Ulises, sienta el miedo ante la última y definitiva aventura: encontrar mi origen y la meta que dé sentido y fin a este viaje.

Un libro, o más de uno, sí que has escrito durante este viaje en el que has devorado un enorme elefante y te has hecho con dones mágicos, como los que se entregan en los cuentos de hadas, esos que dan a los héroes los donantes anónimos que por causalidad aparecen en el camino.
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Desde mis ańos, los balances siempre dejan páginas en blanco. Dan miedo. Es mejor pensar en todo lo que está por llegar... Y seguir planeando los días y las horas sin demasiada precisión.
Es cierto. El gran regalo del camino es el descubrimiento de la palabra y el regalo de algunas certezas.
ResponderEliminarGracias, Aurora
Las palabras, dichas o escritas son el libro, no es que llegues al final de tu camino, quizás si que cambies el rumbo, pero solo es el principio de otro, pero no el final, lo Importante, es lo que vives durante el viaje, las piedras están ahí, pero hay que reponerse, hay que levantase y seguir, solo que ahora quizás tu camino empieza a ser menos pedregoso, pues aprovecha y haz eso que dices que crees haber dejado sin hacer, ahora, si. ¿porque no?, ¿no conozco a nadie que merezca mas ser feliz?
ResponderEliminarMe emociona tanto tu mensaje constante de ánimo para lanzarme en brazos de la felicidad... Ese es el gran legado de P
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