sábado, 27 de julio de 2013

LECCIONES VITALES I


"El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!"

F. García Lorca



Cuando entré a quirófano, me di cuenta de que había olvidado mi anillo en la mano izquierda. Los enfermeros prometieron muy amablemente que me lo guardarían en un sobrecito pegado junto al nombre que colgaba de mi cama. Era un anillo especial, de madera de coco; lo tengo desde mucho antes de casarme y después de la boda sirvió de sustituto a la fría alianza de oro que olvidé para siempre en un cajón. Cuando llegué a la habitación, pregunté por mi anillo y se montó un gran revuelo de búsquedas infructuosas al ver que no estaba. Tardé pocos segundos en bajar la vista a mi pecho, los suficientes para sentirme en paz con todas mis pérdidas: ¿qué significaba un anillo, después de todo? Con mi primera sonrisa en los labios tras la operación, recibí el anillo que Antonio, el enfermero de reanimación, rescató de no sé qué carpeta de mi historial donde se había traspapelado. Pero he de decir que aún sigue metido en su funda, sin abrir, y quizás acabe relegado para siempre a una de las cajas donde guardo los recuerdos que yo  llamo: "lecciones vitales".


No hay comentarios:

Publicar un comentario