lunes, 29 de julio de 2013

LOS AMARILLOS



A Trini, probablemente el mejor ejemplo de amarillo en mi vida




"Amarillo. Definición: dícese de aquella persona que es especial en tu vida (...) Los amarillos son reflejo de uno (...) y el conocerlos hace que demos un salto cualitativo en nuestra vida (...) Lo más importante es que un amarillo no necesita llamadas telefónicas, no necesita años de cocción, no necesita que lo veas a menudo (...) Amarillo es la palabra que define a esa gente que cambia tu vida (...) Y sobre todo los amarillos no son fruto de la casualidad"


El mundo amarillo, Albert Espinosa.

Recomiendo encarecidamente la lectura de este capítulo que da título al libro de Albert Espinosa. Es un concepto transgresor, situado a mitad de camino entre la amistad y el amor y que te obliga a reflexionar sobre estos conceptos aparentemente tan elementales. Cuando uno tiene ya unos años de experiencia a sus espaldas, aprende muy bien a distinguir a sus amigos de sus enemigos; a los amigos de los que se hacen pasar por amigos; a los amigos de los compañeros; a los amigos de los conocidos... y, finalmente, reduce el número de amigos a unos pocos incondicionales que, pese al tiempo, a las decepciones, a los cambios, permanecen en tu vida de manera incuestionable bajo la etiqueta de "mi mejor amigo". En ese sentido son un poco como los largos matrimonios, con sus luces y sus sombras.

Pero ¿qué pasa con los amarillos? Espinosa sostiene que cada persona tiene 23 amarillos en su vida. Se basa en la magia del número 23 apoyándose en determinados datos objetivos y en otros basados en experiencias personales -eso mismo me pasa a mí con el número 7-  Yo no sé si 7 o 23, lo que sí sé es que después de leer sobre la existencia de los amarillos, pude ponerle rostro a mis amarillos en plural, a mi amarillo en particular. Si analizo las marcas para reconocer a un amarillo, me quedo con unas pocas. La que más me gusta es que un amarillo no necesita que lo veas todos los días: yo que soy muy poco dada a las llamadas y que olvido la mayoría de los años su santo y su cumpleaños pese a mis vanos intentos por recordar, me siento muy liberada al descubrir esta señal. Otra señal es que un amarillo hace que demos un salto cualitativo en nuestra vida y eso pocas veces sucede; a mí, en cambio, me ha ocurrido en los dos momentos más cruciales de mi vida: gracias a ella he podido dar un salto cualitativo que me ha ayudado a trasformar acontecimientos muy dolorosos en experiencias cargadas de sentido. Los amarillos, en tercer lugar, no son fruto de la casualidad porque como dice el autor, "las casualidades son subrayados para que sepamos que debemos fijarnos en algo", y yo me siento muy agradecida por los subrayados que juntas hemos hecho en nuestras vidas. En fin, un amarillo es una persona especial en tu vida: así de simple, así de revelador.

¡Pensad en vuestros amarillos!, seguro que son más de los que a simple vista imagináis. 



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