jueves, 25 de julio de 2013

LIBROS, LIBROS, SIEMPRE LOS LIBROS





Al doctor Martín, mi cirujano, que supo convertir el espacio gélido del quirófano en un lugar preñado de esperanza. 

"Creo que uno de los momentos más vulnerables del ser humano es aquel en el que permanece en manos de los doctores. La mayoría de nosotros, con nuestros conocimientos mínimos sobre la materia, ¿qué podemos opinar, debatir o discutir? Algo, poco o nada. Una vez reflexionado y otorgado el sí al cirujano que va a ocuparse de nuestra operación, solo queda confiar. No es sencillo delegar la confección de un abrigo vital para un espacio tan gélido como el quirófano(...) Con el cirujano, el paciente desarrolla una absoluta confianza en su saber y hacer.

Un cerrar de ojos

Un abandono

Un posible despertar"



Me vais a permitir que comience con esta larga cita del libro "Todo un viaje" de Silvia Abascal. Llegó a mi de casualidad, cuando me pertrechaba de libros para mitigar las largas horas de hospital. Son pocos los enseres que llevo conmigo cuando ingreso, en cambio, preparo con meticulosidad mi portátil, mi iPad, mi diario, mis libros... Los enfermeros siempre se sorprenden ante ese despliegue de medios. Es una forma sutil de protección. Detrás de mis libros me siento poderosa e inmune a todo.

Esta vez cumplí con el ritual con menos convencimiento que otras veces, no en vano sabía que mi portátil sería inútil dado el abandono absoluto en el que se encontraba el blog; que el diario quedaría en blanco tras la afectación del brazo con el que escribo; y que el iPad quizá no podría ni sostenerlo. Descargué los libros casi de forma compulsiva, sin atender muy bien lo que elegía, hasta que vi su bella imagen en la portada. Intrigada, leí que lo presentaban como un libro de autoayuda, y aunque no me agradan, pensé que en el estado en el que me encontraba, no me vendría mal un poco de ayuda, viniera de quien viniera. 

Y, claro, no resultó ser un libro de autoayuda, aunque, lo cierto es que a mi me ayudó a muchas cosas: a dejar de sentirme el ombligo del mundo tras la ampulosa palabra cáncer; a conocer una historia de superación que empequeñecía cualquiera de mis peores episodios de dolor; me mostró caminos nada transitados como el poder de la meditación en este proceso que va más allá de la curación y que implica la sanación.; me reconocí en palabras esperanzadoras: 

“Por complejo que pueda resultar afrontar y vivir una enfermedad grave, no solamente podemos superarla, sino que también podemos rescatar de ella toda una privilegiada lección de vida. Un aprendizaje al que solo se puede acceder desde la humildad y el desapego del ayer. Desde el contacto interior, la entrega y la valoración de nuestro hoy”

Y después llegó otro libro revelador en las horas previas a la intervención. En esas conversaciones cruzadas de la fiesta de despedida, Aurora me hablo de Albert Espinosa y de su libro "El mundo amarillo". Me sedujo su reflexión sobre la pérdida y el duelo, el magnífico "Primer descubrimiento: las pérdidas son positivas".

“Las pérdidas son positivas. Sé que cuesta creer en ello, pero las pérdidas son positivas. Tenemos que aprender a perder. Debes saber que tarde o temprano todo lo que ganas lo perderás”.

Su certera reflexión sobre el duelo y cómo hemos pasado de una sociedad con espacios para el duelo, con signos externos que ayudaban a vivir la pérdida, a otra que vuelve el rostro ante cualquier tipo de sufrimiento.

“Ahora se te muere alguien y en el tanatorio te dicen: «Tienes que superarlo». Rompes con tu pareja y la gente quiere que en dos semanas salgas con otra persona”.

Y, finalmente, su valentía al encarar la muerte, el concepto inusual de que la muerte dignifica, la necesidad de hablar sobre nuestra propia muerte.

“Fue la lección que aprendí del cáncer. Perdí el miedo a morir y eso es algo que pensaba que olvidaría cuando comenzara a vivir sin cáncer, pero ocurrió lo contrario”.

Y todo marcado por un sentido del humor generoso, intenso, liberador. 

Gracias una vez más a los libros. 


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