miércoles, 31 de julio de 2013

SANGRÍAS





"Desde antiguo, la sangre fue considerada como portadora de la vida y por tanto era razonable aceptar que su entrega constituyera una preciada ofrenda. Con similar fundamento puede haber surgido el concepto de que su alteración o la presencia en ella de seres maléficos pudiera ser causa de enfermedades, justificando así su extracción con fines terapéuticos"

La sangría: del mito al logos y del rito a la técnica, por Jorge Manrique

Seamos francos desde el principio: carezco de las nociones más elementales sobre medicina, y mis escasas referencias provienen de mis lecturas, de índole exclusivamente literaria. Así, en el Quijote cuando Juan Haldudo es sorprendido en el momento en el que azotaba a su criado Andrés, asegura que: "había de descontar de la paga un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo". O el propio Molière en El enfermo imaginario escribe a modo de estribillo en el cuadro final: "dar un enema, luego sangrar y enseguida purgar".

Investigando, descubro que es a partir de Hipócrates cuando la sangría deja de ser rito para convertirse en una técnica. Concretamente, en el texto "De la naturaleza humana" expone la teoría de los humores identificados como sangre, bilis amarilla, bilis negra y flegma originados en el corazón, hígado, cerebro y bazo respectivamente y de cuyas alteraciones resultaban las enfermedades.

Y este tinte tan literario es el que me sirve para dotar al drenaje que porto tras la operación de otras connotaciones diferentes. Cuando, desde mi mentalidad pragmática pregunté que cuánto tiempo tendría que llevarlo, la enfermera me explicó que el tiempo es diferente en cada persona, desde semanas hasta meses. Esa imprecisión reconozco que me molestó al principio, ¿cómo iba a hacer una vida normal con el "chisme" ese colgado de mí todo el tiempo? Pero, a día de hoy, he aprendido a mirarlo con gran benevolencia y con cierto agradecimiento incluso, porque cada vez que mido los "humores" que se desprenden de mi cuerpo me imagino como uno de esos enfermos que dejaban en manos de la sangría la expulsión de todos sus males físicos y síquicos. Quiero pensar que mi cuerpo se irá desprendiendo de todo lo que le sobra y que gracias al mito, mi mente también, acabará dejando atrás todos los lastres que una vez me impidieron ser la persona en la que, seguramente, acabaré convirtiéndome. Porque, como tal y como termina su artículo Jorge Manrique:

"Los mitos sirven más que para explicar la verdad como formas para rehuirla o modificarla" (Agunis, M. La importancia del mito)




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