mucho cuidado: el mundo
está muy débil hoy,
y este día es el punto
más frágil de la vida"
P. Salinas, "Largo lamento"
Había abierto la agenda de contactos una decena de veces. Por suerte, el teléfono no tenía activada ninguna contraseña de acceso. Repasa las fotos una y otra vez en busca de un recuerdo que, como esos pañuelos de colores que salen de la chistera de un mago enganchados unos con otros, acabe por dar con su identidad. Repite mentalmente una y otra vez el nombre al que llamar en caso de emergencia. Aquella era, sin duda, una emergencia pero no se atreve a marcar el número de una absoluta desconocida. Llevaba ya varias horas dentro de aquel tren, con aquel teléfono en la mano y sin saber qué hacer. Marca el primer número de la agenda, apagado o fuera de cobertura; el segundo, el tercero, el cuarto... idéntica respuesta en los 190 contactos restantes. Asoma la cabeza por la ventanilla: ni una sola señal de vida hasta donde alcanza su vista. Cansado y aturdido, marca un número al azar como el náufrago que lanza su última bengala: ya ni siquiera le responde la voz monocorde de la operadora. Mira la batería, no sabe de cuánto tiempo dispone aún antes de que se apague definitivamente su última esperanza.

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