Frente al espejo, con el sereno rostro de las Madonnas renacentistas, ensayaba distintas poses con el fin de conseguir el acomodo más idóneo para cuando llegara el momento. Meses antes, había anunciado su retirada de la vida pública. Nadie la tomó en serio hasta que la vieron abandonar su malograda residencia y alejar a sus vástagos de la nube de flashes que adornaba constantemente sus elegantes cabezas. Su fama, desde que se había hecho público el juicio, había crecido como los falsos rumores y pronto, monárquicos y republicanos, hombres y mujeres de todas las edades comenzaron a hacer largas colas solo para verla, tocarla, conseguir una imagen que todos sabían histórica si se presentaba la ocasión. Ella se mantenía imperturbable, con la serenidad propia de los que rezuman santidad, rodeada de un silencio denso y pesado como el incienso de las iglesias solo roto para pronunciar lacónicos "no sé", "no lo recuerdo" o "lo desconozco". Su pacto con el Maligno se desestimó para decepción de muchos, aunque, para consuelo de otros tantos quedó más que probada su relación con él. Era la última acusada en intentar demostrar que nada sabía de las actividades fraudulentas de su príncipe, que resultó no ser tan azul como esperaba. Con ella se perpetuaba la estirpe de princesas y tonadilleras varias y comenzaba una leyenda.

Cuántas posibilidades literarias también en las gacetillas y en los telediarios, príncipes y princesas de verdad, y no aquellos que viven en los cuentos.
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Hoy hemos estado hablando de ti Marián y yo. Y me ha enseñado unas fotos. Estás guapísima.
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También hoy se abre una nueva luz en Grecia. Y me da envidia la gente que baila de felicidad. Creo que he perdido la esperanza.
Es cierto. Vivimos una realidad tan sórdida que da miedo asomarse a ella.
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Las fotos... mantengo una extraña relación con ellas. Me devuelven una imagen en la que aún no me reconozco. Son más despiadadas aún que los espejos. Pero poco a poco voy volviendo a ser yo. Ya empezaba a estar preocupada, jaja