sábado, 2 de abril de 2016

CONFESIONES

"Uno
no se quita de amar
ni de fumar
uno descansa

son
como treguas que
uno mismo inicia
y donde uno
firma la paz
o acusa la derrota

y mira uno
salir a caminar
sin el cigarro
decir que no
que ahora va de veras

uno que quiere descansar
y uno se sienta
en ese mismo tranco
de una calle
cualquiera
y uno piensa

lo toma uno en serio
casi siempre
uno espera vencerse
y derrotarse
porque uno es capaz
el primer día
uno después
camina sin cigarro
y sin recuerdo uno
se recrea
y se hace fuerte uno
y se autoengaña

uno
marcha y trabaja
sin cigarro
y sin fijarse apenas
en lo otro
uno olvida que aquello
es una tregua

uno
de pronto se tropieza
y uno empieza
y si hace falta reza
y baja la cabeza
y la pereza
y es que ama uno
otra vez
agarra la colilla
y recomienza"

Álvaro Salvador, "Canción del reincidente"


André Kertestz



Quiero escribir las confesiones 
que uno se hace en voz muy queda 
a esa hora en que los fantasmas enmudecen 
ante tal acopio de verdades mal disimuladas. 
Porque solo el reincidente sabe 
que una inesperada opresión en el pecho 
puede levantar las alertas.

Y uno empieza a dolerse de la memoria, 
y desconfía de sus sentidos
y repiensa otra vez el valor de la vida
el peso de la muerte.

No es fácil saberse reincidente
en el miedo
en la nostalgia
en el dolor
en lo que ya no fuimos

Uno querría reincidir 
en tu mirada
en la alegría
en las certezas
en lo que aún no seremos

Después de todo 
habrá que confesar
que uno no es tan valiente
ni tan cobarde como pensaba
y que claudicar es a la postre
este deseo a manos llenas
de reincidir 
en la hermosa costumbre
de vivir.



2 comentarios:

  1. Me gustan tus poemas. Tienen una verdad cercana.
    ***
    Pasaron deprisa las vacaciones... Y este trimestre que se inicia lluvioso acabará también a velocidad. uff
    Un beso alegre

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  2. Es una osadía por mi parte etiquetar estos textos como poemas. Quizá de tanto leer poesía acabe un poco como D. Quijote con los libros de caballerías, jeje
    ***
    Me gusta volver a clase, aunque me queje casi tanto como mis hijos. Es bueno recordarse que tenemos un sitio a donde volver, una tarea que proseguir.
    Esta mañana conforme recorría los pasillos, sonreía al verlos otra vez ocupando los sitios de siempre, con sus gritos cotidianos, en esa fotografía detenida en la que parecen instalarse nuestros alumnos: ellos siempre tienen la misma edad; nosotros, no. Esa es la única pena.
    Un beso grande

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