lunes, 25 de abril de 2016

PALABRAS

"El Coronel y Belisa Crepusculario se miraron largamente midiéndose desde la distancia. Los hombres comprendieron entonces que ya su jefe no podía deshacerse del hechizo de esas dos palabras endemoniadas, porque todos pudieron ver los ojos carnívoros del puma tornarse mansos cuando ella avanzó y le tomó la mano"

Isabel Allende, "Dos palabras"


Seabatiao Salgado


Llovieron caracoles bicéfalos, serpientes aladas, flores asustadizas, hombres de aguerrido corazón y palabras, muchas palabras. Toda la noche hubo una continua y serena lluvia de palabras. Desde nuestras cuevas las oíamos caer en silencio. A la mañana siguiente, salimos a la calle cargados con pesados sacos que fuimos llenando con palabras grandes y sonoras y también con las pequeñas y asustadizas que intentaban escapar, todas servían. Cuando tuvimos los sacos repletos, nos juntamos todos, ancianos y niños, en torno al fuego como hacíamos los días de caza. Las reunimos en el centro y quedamos absortos como el ladrón que contempla un tesoro. Eran preciosas, refulgían con un brillo mágico al abrigo de las llamas. Las acariciamos, las olimos, las chupamos; algunos, los más atrevidos, tiraron fuerte con sus fieros dientes pero no se rompieron. Jugamos entonces a ponerlas unas junto a otras en filas infinitas que cortábamos a nuestro antojo en un juego siempre nuevo. Al acercarlas emitían sonidos parecidos al gemido de los lobos en la noche y al susurro del viento en la montaña. La música sagrada de las palabras nos hacía permanecer en silencio durante horas. Algunos, los más viejos, lloraban agradecidos de contemplar aún el prodigio. Desde entonces, nuestro pueblo, noche tras noche, se ha sentado junto al fuego a recitar poemas y a escuchar canciones. Esta es vuestra herencia y vuestro, hombres de aguerrido corazón, el deber de preservarlas.  




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