"Todos los héroes atraviesan su propio desierto, provengan de mitos, leyendas y religiones"
Pilar Jericó, Héroes cotidianos.
Pienso en mis clases de literatura universal. Repaso cada uno de los personajes que presento ante mis alumnos y comprendo que su grandeza y su inmortalidad reside en que son héroes de sus propias vidas. Aunque todos y cada uno de ellos tienen algo en común: han pasado por la desesperación de la noche oscura.
El propio Gilgamesh, primer héroe de la historia de la literatura, que se remonta al 2600 a.C. y que pertenece a una civilización tan ajena a nosotros como la mesopotámica, era conocido originariamente como: "Él quien vio las profundidades". De este largo poema conservado en doce tablillas de arcilla, todos los estudios destacan la amistad entre Gilgamesh y Enkidu que lleva al héroe, tras la muerte del amigo, al descenso a los infiernos para conseguir la inmortalidad.
"Cuando había andado una legua, la oscuridad se hizo espesa en torno a él pues no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de dos leguas, la oscuridad estaba espesa y no podía ver nada por delante y nada por detrás (...) Después de nueve leguas, sintió el viento norte en su rostro, pero la oscuridad estaba espesa y no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de diez leguas se acercaba el final. Después de once leguas, la luz del alba apareció. Al final de doce leguas surgió el sol"
Epopeya de Gilgamesh, S. VII a.C.
Los héroes griegos de La Ilíada y La Odisea también atraviesan sendas oscuras donde, en palabras de P. Jericó "conectan con su fragilidad, se hacen más humanos". El episodio que da origen a La Ilíada narra la cólera de Aquiles, que tras discutir con Agamenón, decide no luchar. Los días siguientes tuvo que contemplar cómo los griegos fueron heridos gravemente. Sólo la muerte de su querido amigo Patroclo, enloquece de dolor a Aquiles y lo devuelve al campo de batalla.
"El hijo de Peleo y descendiente de Zeus, Aquiles, el de los pìes ligeros, seguía irritado en las veleras naves y ni frecuentaba el ´ágora donde los varones cobran fama, no cooperaba a la guerra; sino que consumía su corazón, permaneciendo en las naves"
Canto I de La Ilíada
La novela de caballería nos trae grandiosos ejemplos de héroes cuyas historias se forjan tras muchas noches de absoluta soledad.La propia ceremonia en la que eran armados caballeros siempre venía precedida de una larga noche en la que debían velar sus armas, haciéndose conscientes de lo que realizarían a la llegada del día. Nuestro Alonso Quijano, pasa por esta noche tan crucial antes de convertirse en Don Quijote:
"Y así se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba y, embrazando su adarga, asió de su lanza y con gentil continente, se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche"
Todos los grandes místicos de todas las religiones, pero muy especialmente los nuestros dadas las peculiaridades de la España del siglo XVI, experimentan en su camino de perfección momentos de gran oscuridad. Los místicos carmelitanos hablan de "noche oscura" así como de "dar un ciego y oscuro salto de fe"
"Esposa:
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuentes y fronteras"
San Juan de la Cruz; Cántico espiritual
También yo transito desde hace un par de días por un desierto muy particular plagando de incertidumbres. Cuento el tiempo que pasa tras la administración del primer ciclo de quimio, a la espera de que se cumplan o no los efectos anunciados. Releo las palabras de Paco Peñarrubia: "lo que te sostiene es la inevitabilidad". Sé que no tengo más opción que continuar. Pero, sobre todo, me sostiene el coraje de saber que aún puedo elegir algo: caminar como víctima o como héroe.

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